Inmodiario

El sector de la ingeniería española demanda la urgente reactivación del mercado interno, hecho absolutamente necesario para el mantenimiento de nuestro tejido empresarial, que actúa como palanca para la exportación y que contribuye decisivamente a la economía nacional y al prestigio de España en el mundo. El mercado local es el aportador de referencias básico, compensa la volatilidad de la acción internacional, colabora en la formación y puesta en valor de las ingenierías locales y ayuda a mejorar la competitividad de las empresas en sus operaciones en el escenario global. Sin mercado y sin inversión domésticos, las empresas de ingeniería se ven obligadas a competir en condiciones de inferioridad frente a otras que cuentan con la inversión e impulso económico de sus gobiernos.

Para las ingenierías de Reino Unido, uno de los países más dinámicos en materia de inversión en infraestructuras, el mercado doméstico alcanza el 70 % de su facturación, y más del 60% para las de EEUU. En el caso de Canadá y Francia, la aportación del mercado local alcanza el 40% y, en China, se aproxima al 90%. Por el contrario, en países en los que no existe demanda de servicios de ingeniería, las compañías acaban por desaparecer o son absorbidas por otras de carácter global, la innovación se estanca y los ingenieros, que conforman la inteligencia tecnológica, acaban por emigrar. Es el caso de España en los últimos 8 años.

Tras las elecciones del pasado 26 de junio, con una fuerza política claramente ganadora, y después de seis meses largos de gobierno en funciones, retrasar aún más la formación de un nuevo Ejecutivo sería una grave irresponsabilidad de consecuencias políticas y económicas impredecibles. Es urgente la constitución de un gobierno que cuente con un amplio apoyo parlamentario y que sea capaz de relanzar la economía española, hacer las reformas y los ajustes necesarios para ello y gestionar acontecimientos recientes, como el Brexit, que tanto le afectan.

En el sector de la ingeniería y, en general, de la construcción y la edificación, la licitación de proyectos de obra y servicios públicos, que ya venía cayendo en picado durante los últimos seis años, ha sido meramente simbólica durante estos últimos meses. No se está licitando ni siquiera lo urgente y se continúan adjudicando proyectos y obras con bajas altísimas, en concursos que en la práctica son subastas y que dinamitan los criterios de calidad y alto valor técnico que habían sido tradicionales en España.

Las ingenierías españolas habían alcanzado un gran prestigio internacional en los veinticinco años anteriores a la crisis económica, contribuyendo decisivamente al desarrollo de nuestra economía. Hoy, sobreviven gracias a la cartera de proyectos internacionales, lo que supone una facturación de 3.400 millones de euros, el 74 por ciento de los ingresos de los socios de Tecniberia. Entre tanto, en España, estas empresas acaban siendo adquiridas o absorbidas por otros grupos extranjeros o, sencillamente, cerrando, como ha ocurrido desde 2009 hasta la fecha, en que han pasado de 3.000 a 1.500. Sin mercado interno la innovación se estanca, los ingenieros, que conforman la inteligencia tecnológica, acaban por emigrar y las empresas desaparecen.

Así pues, desde Tecniberia demandamos la urgente formación de un Gobierno con el que entablar de inmediato una relación de colaboración constructiva que revierta esta situación, reactivando la demanda interna de servicios de ingeniería, de forma que se garantice la supervivencia del sector, tan necesaria para la dinamización económica de España.