Inmodiario

Madrid. Los bancos españoles tienen prisa por quitarse el muerto del ladrillo de encima, y, como no existe el más mínimo indicio de que la demanda nacional sea la que tire del carro, se está en permanente contacto con los fondos de inversión internacionales para tantear lo que están dispuestos a pagar por grandes lotes de viviendas.

Y es que aquí, como ayer certificó el Banco de España, no existe la más mínima solvencia para otorgar financiación, o si, al final se da, es en unas condiciones de auténtica usura y con tipos tan altos que encierran un riesgo incalculable cuando el precio del dinero suba, no ya al 5%, sino simplemente que lo haga más allá del 1%. Muchas de las hipotecas firmadas ahora con diferenciales de casi el 5% serían casi imposibles de pagar.

Por ello, las entidades buscan esa otra vía, la de soltar lastre a raudales. Pero, claro, los potenciales compradores saben lo que hay, y el precio que ofrecen no es que esté en márgenes de una posible negociación, es que se sitúa en parámetros que implican asumir rebajas adicionales superiores al 50%, con lo que su venta introduciría un roto considerable en las cuentas, ya que las provisiones por estos activos estarían muy por debajo de las pérdidas asumibles.

Estamos hablando, como ha podido comprobar Caixabank en ese rastreo que ha llevado a cabo para desprenderse de unas 13.000 viviendas, de ofertas medias por unidad de unos 60.000 euros, lo que significa que por algunos inmuebles lo ofrecido por estos fondos no superaría ni siquiera los 30.000. Casi gratis, vamos.

No sabemos si será finalmente la entidad que preside Isidro Fainé la que dará el paso para reconocer el verdadero precio de la vivienda en España, el que estaría dispuesto a pagar estos fondos, o si será otra, pero lo que no cabe la menor duda es que, más pronto que tarde, alguno tendrá que dar el paso.

Será duro, pues supondrá asumir más pérdidas, pero no quedará otra. Y, claro, una vez que alguna entidad asume el estropicio y venda, a ver quién es el guapo que se resiste a mantener los precios por encima de esos niveles de compra reales.