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Madrid. La Asociación Hipotecaria Española (AHE), en su estudio de la evolución hipotecaria hasta el cierre del pasado mes de octubre, hace una serie de previsiones para el próximo ejercicio, entre ellas la de que “de mantenerse  la  fuerte  contracción  de  la  nueva  producción  de  viviendas podría estar gestándose en algunas zonas geográficas una escasez en la oferta inmobiliaria que, a futuro, podría derivar en una inflación en precios”.

Para que esta situación no se dé, desde la AHE consideran muy importante que se produzca “una recuperación paulatina y constante del sector y de la construcción, no sólo por el peso que tiene en la actividad económica nacional, sino también para dar cobertura a una demanda de vivienda estructuralmente fuerte que, en el medio plazo, puede no ver cubiertas sus necesidades específicas de viviendas”.

De cara a la actividad hipotecaria en 2011, la AHE espera un comportamiento más positivo que en 2010, “especialmente sustentado por la mejora de la financiación a hogares para adquisición de vivienda, ya que no se prevé una recuperación en el corto plazo de financiación a las actividades inmobiliarias”. No obstante, el informe deja entrever la posibilidad de que durante la primera mitad de 2011, y especialmente en el primer trimestre, “el volumen de transacciones puede verse afectado de forma negativa por el efecto adelanto de compras promovido por la eliminación de los incentivos fiscales a la adquisición de vivienda”.

Pero más allá de la intensidad de la recuperación del mercado, la AHE deja caer su preocupación por algunas cuestiones, como la materialización del excesivo conjunto de propuestas regulatorias que puede tener lugar en 2011, como la nueva regulación en materia de consumo de capital, la introducción de ratios de liquidez y del ratio de apalancamiento, ya que tenderían a inmovilizar más recursos y penalizar determinadas actividades.

Ejecución hipotecaria, mejor no tocar 
 
Por  otro  lado,  cabe  destacar  que  algunas  de  las  iniciativas  que  se  están  proponiendo que forman parte del debate actual, lejos de ser necesarias y beneficiosas para el mercado, pueden herir gravemente los pilares fundamentales del negocio hipotecario y resultar en un daño general más grave que el beneficio perseguido. Es  el  caso  de  una  posible  modificación  de  las  garantías  personales  en  los  créditos hipotecarios  o del establecimiento de obstáculos a los procesos de ejecución; medidas socialmente demandadas por intentar suavizar los efectos de la crisis en la sociedad, pero que endurecerían las condiciones de financiación en los mercados españoles, y pondrían en jaque los más de un billón de títulos hipotecarios emitidos en circulación.