Escritor y Formador inmobiliario. Arquitecto Técnico. Agente de la Propiedad Inmobiliaria. Correo...
Inmodiario

En marzo de 2007 -por tanto, en los últimos momentos del boom-, y cuando ya estábamos casi al borde del crack inmobiliario, la patronal inmobiliaria AEGI recibió, extraoficialmente, un borrador de lo que iba ser “el próximo decreto regulador de la actividad inmobiliaria en España”.

Ese decreto iba a regular esa actividad y por tanto, anularía el aún vigente Real Decreto 4/2000, de 23 de julio, y la posterior Ley 10/2003, de 20 de mayo, de medidas urgentes de liberalización en el sector Inmobiliario.

Como se recordará, la liberalización del Sector de la Intermediación Inmobiliaria llevada a cabo mediante esos  Real Decreto y posterior Ley, fue a su publicación, para según quién, o una tragedia -para los agentes de la Propiedad Inmobiliaria, lo fue- o una alegría -para el resto de asociaciones, empresas, franquicias o corredores inmobiliarios, que por una razón u otra no estaban colegiados-.  Y a partir de ese momento, los APIS ya no pudimos reclamar ningún tipo de exclusividad, en las labores de intermediación.

Como efecto siniestro de la publicación del primer decreto -y muestra del atolondramiento de los políticos de entonces- , los 1900 universitarios que acababan de aprobar - tan solo dos meses antes-  las muy duras oposiciones a API que el Ministerio había convocado el año anterior,  se quedaron con las oposiciones aprobadas y sin poder solicitar el título oficial que ya el Ministerio de Fomento dejó de conceder.

Pero más allá de su éxito o tragedia inicial, pasaron los años y pudo constatarse que la liberalización del sector de la intermediación inmobiliaria que se produjo a partir de esas fechas,  provocó una serie de males en muchas direcciones  y, sin embargo, no se obtuvo con su publicación los beneficios que en la exposición de motivos de aquellos decretos se pretendía. (Salvo el de dejar claro que los APIs no tenían exclusividad sobre la intermediación inmobiliaria, que era el corazón de esa desregulación; pues el resto de objetivos no eran más que florituras para vestir la verdadera intención del artículo 3. Condiciones para el ejercicio de la actividad de intermediación inmobiliaria.) 

Hubo un artículo, muy temprano, de  Prudencio Gómez Moraleda, en aquel momento presidente del Consejo General de los APIS, en el que se decía que “un mercado desregularizado no es un mercado libre sino un mercado salvaje”, que anunciaba ya -casi con carácter profético- los numerosos problemas que luego se darían, dado que con esas normas no solo se imponía la no necesidad de colegiación para ejercer de intermediario, sino que la torpeza de su redacción dejaba  la anterior regulación existente para los APIS… sólo para estos, estando el resto de intermediarios exentos de cualquier obligación similar a la de los APIS.

Pues bien, en los momentos anteriores a la crisis (en 2006) la Unión de Créditos Inmobiliarios (U. C. I.)  publicó un excelente informe -el quinto de una serie de estudios que  venía realizando desde 1989- que nos permitió alcanzar un conocimiento excelente y preciso de esa actividad y sector. La Fortuna hizo que, además,  sus resultados se refiriesen al  momento que podríamos caracterizar como muy próximo al máximo del “boom” inmobiliario en España, de tal forma que sin mucho error pudiésemos decir que en el “boom” inmobiliario, las agencias en España se caracterizaban en la forma que se describe en ese informe. El texto publicado fue el resultado  de 4.140 encuestas realizadas en todo el país por personal interno de UCI y sólo tenía como sujeto a aquellas  agencias inmobiliarias con local abierto al público. El informe está lleno de información relevante y nos ayuda a entender a las agencias del “boom.” Y uno de esos aspectos  fue el que trataba de la antigüedad de las mismas. Pues bien, en esas fechas de 2006, sólo el 23% de agencias existentes se habían creado antes de la publicación del decreto desregulador. A partir de este, el crecimiento fue del 19% (entre el 2001-2002), del 24% (entre el 2003 y 2004) y del 33% en el 2005. La desregularización, el boom y la creación de nuevas agencias fue un hecho indudablemente correlacionado.

Pero si el decreto abrió el acceso a  todo el que quería entrar en el mercado de la intermediación sin ninguna barrera de entrada,  las situaciones conflictivas se incrementaron produciéndose, tanto muchas situaciones de desamparo de los consumidores como una situación competitiva para las empresas de intermediación, atroz.

Y a lo largo de esos  años -y hasta el estallido de la crisis, en la primera semana de agosto de 2007-  las peticiones de regulación de la profesión inmobiliaria fueron tan numerosas como infructuosas. Y el “borrador” filtrado a la patronal fue una muestra de ello. De sus contenidos quizás nos ocupemos en otra ocasión, pero ya le indicamos al lector que ha sido bueno para todos, que nunca viese la luz. Y eso que yo sí creo que una regulación del sector es necesaria, pero ese “borrador”, era malo y hubiese empeorado el sector de la intermediación inmobiliaria. (A manera de ejemplo, el artículo 2.2 que trataba del  ámbito material de la intermediación inmobiliaria indicaba perversamente que el ejercicio profesional se concretaría en el ejercicio de las siguientes operaciones:

a) Compraventa y permuta de fincas rústicas y urbanas.

b) Arrendamientos rústicos y urbanos, cesión y traspasos de estos últimos.

c) Evacuar las consultas y dictámenes que les sean solicitados sobre el valor en venta, cesión o traspaso de los bienes inmuebles a que se refieren los apartados anteriores.

Como el lector avispado no habrá dejado de notar, el “borrador” se olvidaba de la cuarta competencia que tradicionalmente se reconocía a los APIS:

d) Intervenir en los préstamos con garantía hipotecaria sobre fincas rústicas y urbanas. Esta tarea se derivaría a los intermediarios financieros que en aquellos momentos también hervían por su regulación.)

Pues bien, el “borrador” del decreto, junto con los comentarios de la patronal fue devuelto con discreción al filtrador… y no hubo nada. Nada. Nunca más supimos de lo que pasó con él. Aunque luego, al leer determinados aspectos de la regularización de la profesión inmobiliaria hecha en Cataluña  años después, pude reconocer en algunos pocos de sus párrafos, los de aquel borrador… y también sus ausencias y carencias. (Hablar hoy de si esos aspectos fueron los mejores o los peores del borrador, no toca…)  ¡Ah!  La filtración vino de Hospitalet de Llobregat (Barcelona)… y allí volvió con los comentarios pertinentes. Y desconozco si aquel borrador se filtró, para su consulta y estudio, a otras organizaciones inmobiliarias. Pero conociendo al cualificado mensajero, me da que no.

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