Inmodiario

Cuando el magnate chino Wang Jianlin compró el Edificio España al Banco Santander, en junio de 2014, por 265 millones de euros, nunca pensó que, tras efectuar tan elevado desembolso y asegurar una inversión conjunta de unos 500 millones de euros para llevar a cabo el proyecto de remodelación del emblemático, iba a tener tantos problemas para llevarlo a cabo. Pero ha chocado de pleno con las divergencias políticas y la abrumadora burocracia española.

Y lo está pudiendo comprobar en primera persona. Pensaba que todo iban a ser facilidades, pero ya se ha dado cuenta de que no. Tan entre algodones está el proyecto, que a día de hoy el empresario asiático, presidente del grupo Wanda, no solo no sabe si va a poder llevar a cabo las obras del edificio, sino que también desconoce si deberá aportar unos 40 millones de euros, la parte que le correspondía, junto al resto de los grandes propietarios de inmuebles que se asoman a la plaza de España de Madrid, para el proyecto de remodelación de este enclave céntrico de la capital.

En cuanto a las obras continúa el tira y afloja con el Ayuntamiento, con las posturas que siguen encontradas sobre si se pueden ejecutar o no sin demoler completamente el inmueble.

Y por lo que se refiere a la remodelación de la plaza, ahora resulta que, como acaba de confirmar el concejal responsable de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, aquella remodelación que hace casi un año anunció la anterior alcaldesa, Ana Botella, es papel mojado porque no llegó a rubricarse acuerdo alguno que obligara a las partes a comprometerse.

Que de todo aquello que se planteó de un aparcamiento subterráneo, del alquiler o venta de los 12.500 metros cuadrados de superficie comercial con los que se prevé ampliar la zona subterránea de la plaza o un espacio sin coches de 41.000 metros cuadrados, nada de nada.

Y que ahora lo que se va hacer es convocar, coincidiendo con la próxima Semana de la Arquitectura, un concurso internacional que posibilite abordar un proyecto lo menos oneroso posible para el Ayuntamiento, y que sean las empresas privadas las que carguen con la mayor parte del coste.

El delegado volvía a insistir que Wanda no compró un solar, sino un edificio protegido en el que no es posible el desmontaje al tratarse de un inmueble a base de ladrillos, y anunciaba que comunicarían de inmediato a los responsables técnicos de Wanda el resultado de la consulta urbanística que se ha hecho para verificar la imposibilidad de demoler la fachada para volverla luego a reconstruir.