Inmodiario

Dos edificios derrumbados en Madrid capital han hecho saltar las alarmas, y detrás de ambos siniestros la misma razón, defectos estructurales severos de los inmuebles que, en muchos casos, obedecen a unas inspecciones técnicas que dejan mucho que desear.

Basta hablar con los profesionales del sector de la rehabilitación para que expliquen con pelos y señales lo que, desde hace tiempo, está ocurriendo en Madrid. Que el Ayuntamiento está haciendo la vista gorda, dejando en manos de técnicos independientes -en muchos casos sin experiencia alguna en temas de edificación- estas inspecciones, sin rigor alguno y tratadas como un mero trámite para conseguir unos ingresos cada vez más irrisorios.

El colmo del descontrol llega en esos en que estas Inspecciones Técnicas de Edificios (ITE) se realizan incluso sin visitar físicamente el inmueble, tirando de Google Maps, y enviando el certificado a los propietarios por precios que incluso bajan de los 100 euros.

Está claro que, en estos casos, el rigor de la inspección brilla por su ausencia, y el certificado positivo de la ITE lo único que hace es dejar sin determinar los defectos que realmente existen e impedir que se puedan llevar a cabo las tareas de rehabilitación que fueran necesarias. Luego pasa lo que pasa, que solo un milagro -como ha ocurrido en los dos edificios de Carabanchel y Tetuán- evita lo peor.

Así pues, parece claro que el Ayuntamiento de Madrid, además de tratar de asistir a los propietarios que se quedan sin casas, debería también, como medida preventiva, poner el cerco sobre estas prácticas irregulares y abusivas que se están llevando a cabo, pues las consecuencias de no hacerlo pueden resultar muy lamentables.

Se trata, en definitiva, de valorar el trabajo de estos profesionales, exigiéndoles responsabilidad y seriedad en sus inspecciones, y pagando unos honorarios ajustados a los trabajos. También se trata de incidir, mediante campañas publicitarias, en hacer ver a los propietarios de las bondades de un correcto mantenimiento de los edificios en los que residen.

En ambos derrumbes, solo los fuertes ruidos provocados por las grietas que se estaban produciendo hicieron que los vecinos llamaran a los bomberos y a las fuerzas de seguridad, y, de esta manera, evacuar a los residentes sin mayores contratiempos. Fue solo cuestión de horas. Si esos ruidos no hubieran sido lo suficientemente intensos, estaríamos hablando de otra cosa.