Inmodiario

El toma y daca entre el Ayuntamiento de Barcelona y Westmont y el fondo andorrano Emin Capital, a cuenta de la Torre Agbar, se ha acabado, con el triunfo del consistorio presidido por Ada Colau. Al final, los propietarios de este inmueble han tirado la toalla por intentar convertirlo en un hotel.

Tras la negativa del consistorio a otorgar la licencia de obras para reconvertir el edificio icónico en un hotel gestionado por la cadena Grand Hyatt, los dos propietarios han vendido el inmueble a la socimi Merlin por 142 millones de euros. La sociedad presidida por Ismael Clemente asegura que invertirá en adecuar la distribución actual, aunque como no cambiará su uso.

Emin compró, en 2013, la torre al grupo Agbar por 150 millones de euros. Anunció su intención de transformar el espacio en un hotel de lujo de la mano de Hyatt y empezó a preparar la operación, que se debía de ejecutar tras el traslado de la operadora de aguas de la capital catalana a la nueva sede.

La empresa se mudó en septiembre de 2015 a un nuevo emplazamiento en la Zona Franca, pero la llegada de Barcelona en Comú a la alcaldía de Barcelona supuso un freno a los permisos municipales que no se ha podido salvar.

El proyecto se vio afectado en un primer momento por la moratoria en las licencias hoteleras de un año con la que Colau se estrenó en el gobierno.

A finales de julio de ese año, el consistorio reconoció que se podía retomar el proyecto porque los propietarios habían iniciado los trámites antes de que la medida estrella del inicio del mandato fuera efectiva. Habían solicitado un certificado de régimen urbanístico que le daba derecho automático a una licencia de actividad.

Desde entonces, el Ayuntamiento de Barcelona ha conseguido retrasar sine die la autorización para iniciar las obras con la burocracia administrativa. Debía verificar el proyecto y mandar las adecuaciones necesarias para cumplir con las normativas locales si las contradecían, y este proceso se ha dilatado hasta que los dueños del inmueble se han cansado. Incluso llegaron a amenazar con no abrir el alumbrado de la torre por la noche, una de las imágenes icónicas de la capital catalana.

En este periplo administrativo, el fondo andorrano consiguió vender el 60% de la propiedad del edificio el pasado septiembre al grupo patrimonialista estadounidense Westmont.