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  • OPINIÓN
Directora regional de sostenibilidad de Interface para el sur de Europa

Los edificios representan el 40% del consumo energético de la UE y el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en la Unión Europea. Estas emisiones son generadas en todo el ciclo de vida de los inmuebles, desde la construcción hasta la demolición, incluidas su utilización y posibles renovaciones, según señala la Comisión Europea.

En fechas recientes, el Gobierno de España presentó un Plan de Recuperación que supondrá la ejecución de 72.000 millones de euros de fondos europeos hasta 2023 y que tiene como uno de sus ejes principales la transición ecológica del país, incluido el sector de la construcción, que se inspira en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Estos fondos representan una oportunidad histórica para acelerar la transformación de los mercados de la construcción e inmobiliario, para avanzar hacia una huella de carbono neutra. De hecho, el mencionado plan recoge la rehabilitación de medio millón de viviendas con el objetivo de hacerlas más eficientes energéticamente.

Un imperativo: reducir la huella de carbono operacional e incorporada

El 51% de las emisiones de GEI que proceden de un edificio durante su ciclo de vida útil se relacionan con el llamado carbono operacional. Sin embargo, para llevar a cabo una reconversión del sector exitosa y contribuir de forma activa a conseguir una huella de carbón neutra para España, la construcción no debería enfocarse solo en las energías no contaminantes y en la reducción del consumo energético. Hay que comenzar por replantear el urbanismo de las ciudades y estudiar en detalle la localización de los edificios, según diversos parámetros geográficos y geológicos. Los objetivos deben ser evitar la excesiva artificialización de los suelos, preservar la biodiversidad y promover una movilidad sostenible.

Además de tener en cuenta el entorno en el que se encuentra el edificio, desde la misma fase de diseño se debe llevar a cabo una reflexión sobre cuál será su vida útil, su flexibilidad para diversos usos, las posibilidades de reconversión, los materiales y su circularidad, y hasta sobre su deconstrucción. También será necesario favorecer posibles futuras remodelaciones y rehabilitaciones, incluso las más radicales, sobre nuevas construcciones desde cero, que emiten el doble de GEI.

La industria a menudo tiende a ignorar el papel fundamental del carbono incorporado en los materiales de construcción, responsable del 49% de las emisiones de CO2 de todo el ciclo de vida de un edificio. Por ejemplo, a día de hoy la estructura y cubierta de un edificio comercial supone un 60% del carbono incorporado durante todo su ciclo de vida.

Con el objetivo de participar activamente en la descarbonización del sector, los actores clave disponen de múltiples herramientas para diseñar mejor, medir el impacto y reducir la huella de carbono operacional e incorporada de los edificios.

Extender el plan al carbono incorporado para llegar aún más lejos

Las decisiones relativas al impacto ambiental de un edificio, o incluso de un barrio, deberían tomarse en las fases iniciales del proyecto, a partir de un diseño ecológico y que persiga la preservación de los ecosistemas. Las numerosas etiquetas y certificaciones (BREEAM, LEED, etc.), por su parte, ofrecen un punto de referencia en el que los inversores y diseñadores pueden confiar para garantizar un buen rendimiento medioambiental a los propietarios y usuarios y así mejorar sus propiedades. Sin embargo, el marco preestablecido por las certificaciones puede ser restrictivo en algunas ocasiones, o incluso tener el efecto contrario en la preservación de los recursos, la biodiversidad y el medioambiente, si no se tienen en cuenta también la planificación urbana o la accesibilidad de los edificios. La proliferación de certificaciones y etiquetas puede crear el riesgo de generar confusión y una falta de referencias fiables a largo plazo.

Nunca sin ACV

Existe una gran variedad de herramientas de apoyo para la toma de decisiones en la elección de los métodos de construcción, fuentes de energía y materiales, que permiten medir el impacto de carbono de cualquier actividad. El análisis de ciclo de vida (ACV) es un método que mide la huella de carbono de un producto, servicio, edificio, país o incluso un individuo. En el caso de los productos, los resultados de la ACV se traducen después, según un estricto proceso, en una declaración ambiental de producto (EPD, en España, la norma de AENOR UNE-EN ISO 14025:2010). Un auténtico carnet de identidad, esta declaración enumera los componentes, el consumo de energía y agua y los diversos impactos ambientales, incluidas las emisiones de carbono. Estos datos se pueden compartir en plataformas colaborativas como el 'Embodied Carbon in Construction Calculator' (EC3), que proporcionan una visión global de los productos con bajo contenido de carbono y ayudan a elegir los que presentan un mejor rendimiento. La herramienta utiliza modelos BIM, y la base de datos de los EPD.

Por último, se han logrado innovaciones a nivel tecnológico y de servicios que reducen tanto el consumo de energía como el carbono incorporado de los materiales. La aparición de productos con una huella de carbono cada vez más reducida gracias a los materiales reciclados y al buen rendimiento de los materiales de base biológica, junto con el auge de la reutilización, permiten seguir avanzando hacia un sector con una menor huella de carbono.

La industria de la construcción puede conseguir una huella de carbono neutral, como se indica en el último informe del World Green Building Council, siempre que se aplique un enfoque que busque reducir la huella en toda la cadena de valor. El éxito no se conseguirá sin la sensibilización, capacitación y movilización de las personas para cambiar de forma fundamental las prácticas profesionales y la forma de trabajar.

Directora regional de sostenibilidad de Interface para el sur de Europa