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Tras la primera sentencia del Tribunal Supremo, que hace unas semanas condenó, por primera vez en España a dos empresarios, padre e hijo, por contaminar la capa de ozono, llega ahora otra de la Audiencia Provincial de Madrid, que ha condenado a un año de prisión a un empresario de la localidad de Algete, al norte de la Comunidad de Madrid, por haberse deshecho entre los años 2002 y 2010, sin control alguno y sin medidas de seguridad, de los líquidos resultantes de la actividad de tratamiento y recubrimiento de metales a que se dedicaba.

Una actividad con la que se considera probado que ha provocado un grave daño al medioambiente al contaminar el suelo por la concentración de metales en más de diez veces el máximo permitido.

La acumulación de cromo, cobre, níquel, plomo y zinc produce una inhibición de la vida bacteriana que mata el terreno, puede llegar al agua y por la cadena trófica o alimentaria dar problemas de tipo renal y por el cromo, el metal más peligroso, producir cáncer de pulmón y otras enfermedades.

El empresario, condenado por un delito contra el medioambiente, era conocedor de todas las deficiencias e infracciones de sus instalaciones, obsoletas desde el punto de vista higiénico-sanitario, ya que el rebose de los baños electrolíticos a que sometía los metales tratados acababa en el exterior de la nave, y, aunque fue denunciado en diversas inspecciones, continuó la actividad sin corregir las irregularidades de un modo efectivo.

Además de la pena de prisión, deberá pagar una multa de doce meses con una cuota diaria de diez euros y ha sido inhabilitado para el ejercicio de profesión u oficio relacionado con su actividad profesional por espacio de un año. La sentencia puede ser recurrida por el empresario ante el Tribunal Supremo.

Los metales tienden a acumularse en la superficie del suelo quedando accesibles al consumo de las raíces de los cultivos, de manera que las plantas cultivadas en suelos contaminados absorben en general más oligoelementos y la concentración de éstos en los tejidos vegetales está a menudo directamente relacionada con su abundancia en los suelos, y especialmente en la solución húmeda.

De esta manera, las excesivas concentraciones de metales en el suelo podrían impactar la calidad de los alimentos, la seguridad de la producción de cultivos y la salud del medio ambiente, ya que estos se mueven a través de la cadena alimenticia vía consumo de plantas por animales y estos a su vez por humanos.