Escritor y Formador inmobiliario. Arquitecto Técnico. Agente de la Propiedad Inmobiliaria. Correo...
Inmodiario(Alcobendas) Madrid. Hace años, una tarde, estaba yo en un pequeño matadero de un pueblo de Teruel. Mis primos tienen una carnicería y son propietarios de rebaños de ovejas, así que ellos son los propios proveedores de su negocio... por tanto, es necesario que maten periódicamente, ovejas y corderos. No recuerdo bien porqué estaba allí pero el hecho es que allí estaba hablando con mis primos. Y ellos, a su faena, a matar los seis corderos que tenían para aquella tarde.

La presencia de la muerte

Mientras mataban al primero, y aquí ahorro al lector la descripción de su muerte, me di cuenta de algo mucho más terrible: me fijé en los cinco corderos que esperaban a que les tocase el turno. Creo que ellos “sabían” de alguna forma que algo horrible les esperaba, pero nada hacían para evitar su mortal suerte (bien, quizás no sea cierto que no hacían nada, porque temblaban, se apretaban los unos contra los otros, se movían inquietos, y quizás emitían débiles balidos) No sé si eran los gritos del primero, el olor de su sangre o la extrema violencia de la operación, pero el hecho es que el Terror estaba allí, aquella tarde, en el matadero.

La muerte como consejera

Es infrecuente que en nuestra vida individual estemos conscientes de la Muerte. De hecho, de este tema no se habla más que “por accidente” y, en general, no se suele hablar de ello habitualmente salvo en contadas ocasiones, relacionadas casi siempre con la muerte de algún conocido o allegado o en casos de desgracias poco habituales. Y sin embargo, el consejo más repetido de Pensar en la Muerte como Consejera de nuestras acciones cotidianas, quizás sea el consejo más repetido por parte de los moralistas de todas las épocas. Incluso en el enfoque no religioso de la literatura de Autoayuda y Superación, el consejo –generalmente expresado de una forma lateral- es también muy frecuente. Recuérdese por ejemplo a uno de los grandes de este género, Og Mandino, cuando en su libro, El Vendedor más grande del Mundo, aconseja leer diariamente el pergamino que sugiere: “ Viviré este día como si hoy fuese el último día de mi existencia”.

La destrucción creativa del mercado.

Y no sólo en el área individual, sino también en las organizaciones, sociales en general o empresariales en particular, se habla de “la destrucción creativa” de nuevas empresas, refiriéndose con ello que en el Mercado las empresas se crean, consumen su ciclo de vida y luego son destruidas; y que sólo la constante re-invención y adaptación de las mismas a su entorno es la que permite a muchas sobrevivir. Esta creación y destrucción permanente de empresas es lo que nos dice que la competencia empresarial lejos de parecerse al paraíso que dibuja una eterna juventud se parece más al infierno de los errores de la gestión cometidos por su dirigentes. Al igual que las personas, las empresas nacen, crecen, permanecen y mueren en un plazo de tiempo más o menos largo. Sólo excepcionalmente aparecen empresas que son muy duraderas. Recuerde el lector la cantidad de veces que ha leído frases parecidas a esta: “La lista X de las quinientas empresas más grandes del mundo en la actualidad, sólo un x por ciento estaban en la lista de hace 25 años. Lo que quiere decir que ese 75-x por ciento ya no está entre las primeras. Y esto no sería grave si no fuese porque de ese porcentaje de las que ya no son las primeras gran parte la forman las que ya no están de ninguna forma, pues han cerrado / fallecido.

La desaparición de empresas por diversas causas es una realidad a la que no atendemos en exceso y, de hecho, actuamos como si eso no existiese. Como no nos afecta... ¿para qué obsesionarse con eso, se nos dirá? Y al igual que ocurre cuando el accidente es grave o espectacular es entonces cuando reparamos en el hecho.

La extinción es otra cosa

Estamos hoy ante un fenómeno de extinción masiva de empresas inmobiliarias (primero intermediarias y luego promotoras constructoras) que va más allá del fenómeno de la renovación continua de la que acabamos de hablar, ahora están desapareciendo empresas no por muerte natural sino por la catástrofe en la que hemos caído y ahora es cuando nos fijamos, quejamos o rebelamos... cuando ya es tarde para muchos y la zarpa invisible del mercado ya cae –lenta o bruscamente- sobre nosotros.

Y me temo que esto se está produciendo ante la indiferencia general y que los propios corderos están cayendo sin emitir un solo balido (1)

Y de algo puede estar seguro el lector: o no estamos allí donde la cuchilla va a caer o terminaremos despiezados, como los corderos de aquella tarde.

¡Siga con cuidado... y piense que a diferencia de los corderos, nuestra vida empresarial puede volver a ser satisfactoria una vez que hayamos visto la manera de protegernos de la gran extinción que ya actúa y cae contra nosotros.

Miguel Villarroya Martín
info@inmobiliari.net

Notas:
(1) Las quejas sobre esta situación no es que no hayan existido o que no haya habido algunas repercusiones, sino que lo que remarco es que ninguna de ellas ha superado el nivel umbral de la repercusión mediática que el despido de unos cientos de trabajadores del automóvil ha tenido, por ejemplo, cuando en nuestro sector las bajas pudieran contarse en decenas de miles, en empresas, y cientos de miles, en empleados.

Pero de esto hablaremos en otra ocasión próxima.
Escritor y Formador inmobiliario. Arquitecto Técnico. Agente de la Propiedad Inmobiliaria. Correo...