Inmodiario

Natalia Rodríguez se ha quedado sin medalla en los mil quinientos. Los hechos son demoledores. Al inicio de la competición la plusmarquista española se sentía fuerte, enérgica, consciente de ser superior a sus rivales. Su objetivo era el oro. Cualquier otro resultado habría sabido a poco. Pero la descalificación ha sido para ella y para los aficionados españoles como tragar arena del desierto. En la final realizó una carrera casi perfecta. Empezó con imperium nuestra atleta, dejándose ver en los puestos de cabeza, intimidando con su presencia. Llegado el momento del asalto al primer puesto optó por adelantar a la etíope Gelete Burka por el interior. La falta de espació provocó una colisión entre las corredoras que tuvo como desafortunado resultado a la africana rodando por el suelo y a Natalia descalificada. Su primera reacción fue negar su responsabilidad en la caída, proclamándose víctima de una injusticia. La mediofondista se mostraba altiva, orgullosa. Más que el general Álvarez de Castro cuando fue apresado por los franceses tras la caída de Gerona. Después, una reflexión más sosegada mudó su inicial suficiencia en humildad. La de Tarragona acabó reconociendo que había realizado una ‘maniobra arriesgada’. Y añadió que estaba decepcionada por que en el fondo ‘me he equivocado de táctica’.

La historia de Natalia no es nueva. Infinidad de personas se han visto en situaciones similares desde que el mundo es mundo no solo en las pistas de atletismo sino en todas partes. Presumo que a muchas otras les seguirá ocurriendo lo mismo hasta el fin de los tiempos. En las plantas nobles de las sedes empresariales y financieras, se volverán a tomar decisiones de inversión desde lo alto de una burbuja. Los órganos de dirección de los bancos centrales gestionarán una vez más la política monetaria con gafas de cerca y no de lejos. En los gabinetes de los Ministros de economía se seguirá pulsando el botón de la maquinita del gasto público con un ojo en la economía y otro en las encuestas. El promotor inmobiliario, tan pronto como pueda se apalancará hasta lo indecible para crecer en cartera y orgullo. Y también en el comedor de muchas familias se tomará la decisión de endeudarse hasta limites irresponsables, porque cariño, aunque no tenemos la entrada ahorrada, el director del banco me ha dicho que nos financian hasta los muebles. A lomos de la ola casi nadie mira hacia el suelo. Se mira al horizonte. Se quiere el oro. Y se toman decisiones equivocadas.

Sin embargo, estoy seguro de que Natalia Rodríguez jamás repetirá la insensatez de adelantar a una rival por dentro en una final de un mundial. Me atrevo a decir que ni siquiera en un entrenamiento. Porque adoptar una estrategia equivocada en un momento de euforia es comprensible. Pero lo que a nadie se puede perdonar es el empecinamiento en el error.

Mientras el Gurú de la crisis Nouriel Roubini elige la letra a la que se parece el gráfico de la actual crisis y Bernanke recibe palmadas en la espalda del Presidente Obama, en España el Gobierno ultima su adelantamiento por el interior en forma de subida de impuestos a las rentas altas (que yo de toda la vida he llamado clases medias, porque las rentas altas son las grandes fortunas que son inmunes al incremento del IRPF). Esta política de aumento de gasto público financiado con subidas de impuestos es ineficaz contra la crisis. Está demostrado empíricamente y documentado sobradamente en la literatura económica. Y volverá a quedar descalificada de forma inmisericorde por la realidad de los próximos dos o tres años en nuestro país. Para entonces los ciudadanos nos veremos rodando por el suelo como la etíope Burka. Si pueden guarden el video y vuelvan a verlo en 2011.


Juan Carlos Urbano
jcu5236@gmail.com