Inmodiario

Por Sergio Álvarez, director de nuevas instalaciones y modernizaciones de KONE Ibérica

En los últimos 10 años la mayoría de las ciudades del mundo han cambiado radicalmente. Ahora están más urbanizadas, son más densas, pero también más sostenibles. Con la llegada de la pandemia nos hemos dado cuenta de que aún hay mucho que mejorar porque, aunque contamos con edificios más inteligentes y eficientes energéticamente, queda mucho camino por recorrer para que los ciudadanos vivan en entornos realmente cómodos y saludables. Está previsto que en el año 2045 la población mundial crezca en más de 6 mil millones de personas, lo que supone todo un reto al que los diferentes actores implicados debemos de hacer frente tan pronto como sea posible.

Además, la forma en que vivimos, trabajamos y nos desplazamos también está cambiado, y se ha acentuado a causa de la pandemia. La situación actual ha potenciado el teletrabajo y también la búsqueda de un mejor entorno en el que vivir. Aunque es cierto que muchas personas han decidido dejar el centro de las ciudades, hay muchas otras que permanecen en ellas debido a los servicios y las experiencias que estas ofrecen y otras, que volverán cuando la situación pandémica se estabilice.

Por ello, ahora cobra más sentido que nunca hablar de smart cities, ya que son el resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia espacios más flexibles, con mayor comodidad para sus residentes y más sostenibles. Así, estas ciudades se sirven de infraestructuras, innovación y tecnología para aportar servicios que faciliten el día a día de sus habitantes, a la vez que disminuyen el consumo energético y reducen las emisiones de CO2.

¿Cómo se construye en estas ciudades? Ya no podemos asumir que tenemos un edificio y que será el mismo durante 20 años, cada vez es más necesario renovarlo y adaptarlo a las nuevas necesidades. Necesita cambiar a lo largo del tiempo de forma sencilla, adaptarse a nuevos usos o necesidades de sus inquilinos sin tener que hacer grandes reformas.

Adaptabilidad y comodidad, estas son algunas de las claves. Facilidad de uso y menores molestias, es lo que buscamos más que nunca. Y, evidentemente, sostenibilidad. Hoy, el 25% de los nuevos edificios se construyen con un certificado de edificación sostenible, y es un área con un desarrollo que avanza a pasos agigantados. Se espera que, en 3 años, el 50% de los edificios nuevos que se construyan tengan estas certificaciones. Y la tecnología juega un papel fundamental en facilitar la eco-eficiencia y hacer que los edificios sean cada vez mejores y más inteligentes.

De esta forma, la idea es que las ciudades grandes y pequeñas deben ser pensadas a largo plazo, más inclusivas, así como ofrecer prosperidad y oportunidades en todas las líneas demográficas. Estamos hablando de un proceso de cambio en el que las ciudades se encuentran inmersas desde hace décadas y que parece que la pandemia lo va a potenciar de forma definitiva. Hoy, estamos solo en la superficie y ya vemos cómo las nuevas tecnologías pueden mejorar la vida de las personas.

Las compañías que buscamos crear ciudades inteligentes que mejoren la vida de las personas que viven en ellas cada vez estamos más cerca, pero aún nos enfrentamos a desafíos. Para que las smart cities puedan aportar valor a los ciudadanos, es imprescindible que todas las redes involucradas se conecten entre ellas y compartan información de manera instantánea y segura. Las soluciones de Internet de las Cosas proporcionan la conectividad necesaria, pero aún hay camino por recorrer en la integración con otros proveedores de información, otras compañías que operan en la ciudad, y que todas por separado trabajan para conseguir un ecosistema realmente inteligente.

Hay muchos factores implicados, desde la movilidad, la limpieza de la ciudad hasta el reparto en los supermercados, pasando por los profesionales de la medicina y otros trabajadores de primera línea, los servicios desempeñan un papel fundamental para hacer de nuestras ciudades lugares más agradables, más productivos y saludables. Con la rápida urbanización, la tecnología juega un papel clave a la hora de satisfacer las necesidades de los habitantes y usuarios y ya se están utilizando soluciones de IoT, Inteligencia Artificial o robótica en muchos sectores.

Lo que está claro es que la conectividad va a ser uno de los mayores cambios que experimenten los edificios. Será clave para el éxito de las ciudades inteligentes ya que sus beneficios solo se lograrán si hay conectividad real y continua, es decir, que los dispositivos puedan comunicarse entre ellos y que los ayuntamientos tengan visibilidad sobre el rendimiento de todos los sistemas de forma ininterrumpida.

Aquí estamos, viviendo un punto de inflexión, un cambio de juego. Si realmente queremos vivir en smart cities, en lugar de en "stupid cities" - con miles de dispositivos conectados pero incapaces de comunicarse entre ellos - todos tenemos que trabajar compartiendo información e integrarla toda bajo un ecosistema central. Aquí las administraciones públicas tienen que jugar un papel de liderazgo para unificar la información de los diferentes actores y garantizar que aporte un valor real a los habitantes.

Sin duda, el mundo está cambiando y las ciudades están cambiando a un ritmo vertiginoso y es realmente emocionante formar parte de este cambio.