Inmodiario

  • OPINIÓN

Madrid. Las recientes declaraciones de J. L. Galindo, presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de España, en la Conferencia Inmobiliaria SIMA 2012, ha suscitado diversos comentarios en muy diversos medios. De entre sus declaraciones nos ocuparemos hoy de un aspecto que a mí me ha preocupado especialmente. Véase así la siguiente frase: “Nosotros queremos ser ni más ni menos que lo que pesamos, no tenemos vocación de ser la locomotora económica (de España); lo hemos sido, se ha aprovechado todo el mundo de ello y queremos ser lo que nos corresponde ser.”

Eso, en otros contextos, se llamaría resignación cristiana -una virtud (aunque no sé yo si acompañada de la confesión de los pecados y el arrepentimiento del Sector)-  pero en cualquier caso sí seguida por el propósito de enmienda y de un cierto fatalismo, pues: “queremos ser lo que nos corresponde ser”.  Pero… ¿quién fija lo que corresponde ser al mercado inmobiliario? ¿Dónde está escrito? ¿Quién lo hace? ¿Quién lo ha establecido?  El problema con esa declaración es que en otros distintos ámbitos una afirmación como la reseñada bien podría calificarse de renuncia, falta de ambición, autolimitación, entrega, derrota, desfallecimiento, etc. 

Pero  aún así, se llame como se llame  la actitud que se esconde tras la declaración, no parece que sea imprudente sino, desgraciadamente, un resumen razonable de la cruda realidad actual del Sector. Y es que éste, con las excepciones de rigor que también existen, ha entregado a sus vencedores, las entidades de crédito, la dirección del Mercado Inmobiliario y está ahora en sus manos. Otras referencias de Galindo en las que advierte de la preocupación del Sector ante la posibilidad de que los activos normales –los que todavía no están en manos de los Bancos- se conviertan en problemáticos –aquellos cuya deuda con las entidades bancarias no parece probable que pueda afrontarse- y lo cuantifique –unos 60.000 millones de euros según dice- así lo indica. Y esa aceptación “in pectore” sólo anuncia lo que parece inevitable: la derrota de los Señores del Ladrillo y de casi la totalidad del Sector inmobiliario, todavía va a ser mayor. Esto no ha terminado. (Sugerimos una lectura detallada del informe RR Acuña  para tener una adecuada percepción de la situación actual del Sector Inmobiliario.)

Comentando  este asunto con mi amigo “el ácido” enseguida me apuntó que la realidad actual del Sector Inmobiliario español, asolado por su dependencia de las Entidades de Crédito, derrotado en casi su totalidad y pidiendo “cortafuegos” para que el pertinaz incendio de deuda que lo cerca no termine propagándose hacia los activos “normales” se parece mucho a lo que ocurrió en Flandes a principios del siglo XVI, en el cerco a Breda. (Y en otras ciudades, pues la ocupación de Flandes fue casi total durante largo tiempo.) Según su opinión, Justino de Nassau, el defensor de la ciudad  no tuvo más remedio que entregar las llaves de la misma, pues tras once meses de asedio por las tropas españolas, la situación de la ciudad se hizo insostenible. De nada sirvió el valor y poderío holandés ni los varios intentos de rescate de la ciudad por parte de voluntarios holandeses, ingleses y franceses pues ante ellos otro poder, superior en medios y mucho mejor dirección y estrategia  los venció a todos.

Al escuchar esto, enseguida recordé uno de los cuadros más famosos de Velázquez titulado: La rendición de Breda (o el de las lanzas)  que recoge precisamente la entrega de las llaves de la ciudad al general genovés Ambrosio de Spínola, encargado de su conquista por la Corona Española  y a punto estuve en dar la razón a mi amigo. Aparentemente, ese cuadro podría también servir como imagen de lo que está sucediendo  actualmente en el Sector –incluso la entrega de las llaves reforzaba la imagen de la derrota inmobiliaria actual-… pero no, no pude dársela pues en seguida me dí cuenta de que a pesar de sus posibles analogías (la rendición o sumisión del vencido ante el vencedor, la sustitución en la dirección y control de la ciudad (del Sector inmobiliario) por parte de los españoles (de La Inmobanca), la entrega de llaves de la ciudad (de las promociones que de  problemáticas han pasado a adjudicadas), el largo periodo de asedio (la larga crisis padecida), la asimetría entre los contendientes (inmobiliarios y financieros) y otras, una diferencia fundamental la hacía imposible. 

Y es que en el cuadro, el vencedor –Ambrosio de Spínola, los tercios de Flandes, la Corona Española--  muestra una actitud hacia el vencido (Justino de Nassau, los holandeses) un gesto de magnanimidad extraordinaria. En esa ocasión no sólo el vencedor impidió que el vencido se humillara –se arrodillase en la entrega de sus posesiones representadas por las llaves- sino que proporcionó a las tropas vencidas una salida con honores de la ciudad, se impidió el saqueo y la destrucción de la misma y no hubo violaciones, robos o venganzas. Y el cambio a la nueva situación se produjo de la mejor forma posible, dándose a los vencidos una salida honrosa.

Según creo nada de esto puede esperarse de los Spínolas actuales.

La Inmobanca nos ha derrotado. Así que cuanto antes lo aceptemos, mejor.

Miguel Villarroya Martín