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Madrid. Es una cuestión recurrente en todas las ferias inmobiliarias, la prensa en su afán por dar la fórmula mágica a su audiencia, nos solicitan a los expositores nuestra opinión para que demos la receta de cuándo comprar casa y porqué.

Pero, ¿qué subsiste en la pregunta? Honestamente, yo siempre respondo que el momento para comprar una vivienda es el que cada uno decida según sus circunstancias personales. Sin embargo, la pregunta tiene más fondo y se podría descomponer en otras:

¿Es una buena inversión comprar una casa?

¿Cuánto ganaré/perderé si compro mi casa en vez de alquilarla?

¿Cuál será la evolución de los precios?

En definitiva el buen o mal momento para comprar una casa depende de la visión particular de cada uno sobre las tres cuestiones anteriores.

Lo que determina ese momento es el plan de futuro de cada persona. Por ejemplo, ¿porqué en Alemania el 80% vive de alquiler? Pues en gran parte porque su plan de futuro no pasa por vivir toda su vida en Berlín y es muy probable que después de 5 años se vaya a vivir a Hamburgo y, posteriormente  a Leipzig. Evidentemente, ese alemán no comprará una casa en cada ciudad, la alquilará. En España, una de las razones de que el 80% sea propiedad es que nuestros planes de futuro no pasan por vivir en Madrid, después de 5 años irnos a Gijón y más tarde a Bilbao, por poner un ejemplo. Si así fuera, el alquiler tendría una demanda mucho mayor.

¿Deberíamos dejar de ver la vivienda como la “inversión” de nuestra vida? Es decir, si vamos a permanecer tanto tiempo viviendo en la misma casa ¿es tan importante pensar en la revalorización? ¿O lo es más la ubicación, sus características y la viabilidad de afrontar un préstamo?

Lo que ocurre es que la vivienda es nuestra medida de la riqueza personal, los volúmenes de venta de vivienda son percibidos por los analistas macro económicos como la medida de riqueza de un país, así, cuando se produce un momento de mercado como el del boom somos más ricos y cuando se produce un bloof, como en el que estamos, somos más pobres. En el boom nos sentimos más ricos porque sabemos que nuestra casa vale más –aunque no la queramos vender–  y consumimos mucho más, por el contrario, actualmente somos conscientes de que nuestra casa vale menos y consumimos menos. La vivienda es nuestro respaldo económico emocional y a eso se le denomina «ahorro latino».

Veamos si el momento del boom era bueno para comprar vivienda:

- los precios estaban en constante crecimiento
- el crédito totalmente abierto
- las decisiones de compra debían ser muy rápidas para no perder la vivienda elegida
- la oferta era cada vez más escasa
- sólo se podía comprar sobre plano
- desde 2.003 la previsión de muchos expertos eran bajadas de precio inmediatas que no llegaron hasta finales de 2.008

En este entorno, ¿era lo más indicado comprar vivienda? Había que tomar decisiones de compra rápidas y con préstamos por encima del precio de la vivienda. No lo parece.

En el momento del bloof nos encontramos con:

- precios a la baja
- oferta suficiente para elegir
- crédito cerrado
- tipos bajos (euribor al 2,19 %)
- viviendas terminadas
- sin presión de tiempo para decidir la compra
- los expertos siguen previendo bajadas futuras de precio y no sabemos cuando se producirán subidas

¿Es esta situación menos propicia para comprar? Actualmente, se puede ver lo que se compra a buen precio y con tiempo para hacer una compra racional. Sin embargo, en el boom las ventas eran velocísimas y en el bloof lentísimas.

Parece pues, que nos dejamos llevar por las acciones de otros y compramos cuando todo el mundo lo hace y no lo hacemos cuando nadie lo hace. Pues bien, esta es la mejor manera de generar ciclos de mercado que no benefician nunca al comprador y que benefician y perjudican al vendedor cíclicamente.

Entonces, ¿cuándo es mejor comprar? Pues no parece que exista una receta, debe ser que es una decisión que depende de cada uno de nosotros y de cómo vislumbremos el futuro, eso sí, siempre que actuemos según nuestro propio criterio.


Rafael Bueno, Socio Delegado de la Zona Centro de Proinlasa