Inmodiario

Mientras el Gobierno a través de su vicepresidente segundo dispensaba ayer su indecencia diaria, Nissan preparaba el anuncio de cierre de su planta en Barcelona. La confirmación del cierre es un duro golpe a la industria del automóvil, un nuevo drama para el empleo (3.000 empleos directos y hasta 30.000 indirectos afectados) y un indicador de la crisis cuya dimensión solo ahora se empieza a medir.

Pero la decisión de Nissan lo que plantea es el problema más amplio y aun más grave de la imagen de España como destino de inversión. Nissan puede abrir la puerta a una huida empresarial que ya planea sobre la presencia de otras multinacionales del sector pero que no solo se reduce al automóvil.

En esta situación de incertidumbre, se necesitan enormes dosis de credibilidad y confianza para mantener la imagen de solvencia de un país. Y el Gobierno Frankenstein, en unos casos por torpeza, en otros por mala fe y en la mayoría por su radicalismo ideológico, carece de ambas cualidades.

Supongamos que usted tiene que decidir si invierte o mantiene su inversión en España y lo que le llega es que el Gobierno, ya antes de la pandemia, empieza a desgastar al sector del automóvil condenando a muerte al diésel; después, el vicepresidente segundo y dirigente de un partido antisistema, reduce la Constitución al poder de nacionalizar empresas. Todos los días se desayuna con algún improperio demagógico contra "el IBEX", asiste a la ruptura del diálogo social porque ese mismo Gobierno ningunea a empresarios y sindicatos y suscribe con toda formalidad, con siglas y firmas, un acuerdo para derogar la reforma laboral y lo hace con un partido -Bildu- poblado de los que no hace muchos años oficiaban de recaudadores del "impuesto revolucionario". En pleno hundimiento del turismo escucha al ministro de Consumo denigrar al sector describiéndolo como un infierno de precariedad y falto de valor añadido, aunque aporte el 12% del PIB, mientras otro miembro de ese mismo Gobierno -"miembra" en este caso- no tiene mejor idea que el desplante a tantos pequeños y medianos negocios de hostelería y restauración que luchan por sobrevivir con aquello de que "si no les interesa, que no abran". Si cree que la seguridad jurídica es un valor importante, ahí está la actuación del ministro del Interior con la Guardia Civil y el insulto continuado contra este Cuerpo que propaló desde la tribuna del Congreso el representante de un partido sedicioso y golpista, pero apoyo esencial de Frankenstein, al que el presidente del Gobierno correspondió con carantoñas muy celebradas por su disciplinado grupo.

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