Inmodiario

Madrid. Que el actual Gobierno de España no se diferencia en mucho del anterior sobretodo en su ideario intervencionista y estatista es algo que hemos podido comprobar durante los últimos meses gracias a la batería de aumentos impositivos a los trabajadores para sufragar un gigantesco, insufrible e insostenible aparato estatal que sin embargo sí ha sufrido recortes drásticos precisamente en los servicios más básicos e imprescindibles: la Sanidad, la Educación y la Defensa. Pero la gota que colma el vaso ha llegado esta semana con las palabras del Ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, -presunto liberal-, que ha coreado el estribillo otrora propiedad del Socialismo más rancio del cambio de nuestro modelo productivo como solución a la crisis que padecemos, abogando así por transformar nuestra economía basada en el "ladrillo" a una "basada en el conocimiento".

De todos los insultos, exabruptos e improperios que ha recibido hasta ahora nuestro Sector Inmobiliario-Constructor, éste ha sido el que menos esperábamos, si cabe por la persona que lo ha formulado. En primer lugar, afirmar semejante cosa delata un celo de intervencionismo escandaloso en un miembro de un Partido que se autoproclama liberal, y que amenaza con sumirnos a todos en una crisis interminable de intromisión de los funcionarios públicos en la economía de nuestro país, ésta -no nos quepa duda- todo lo imaginable menos liberal y de mercado. ¿Cómo podemos aceptar que nuestros sectores económicos vengan impuestos desde arriba en base a subvenciones y ayudas económicas y legales a los que ciertos iluminados consideran más productivos en detrimento del expolio y postergación de otros sectores mal considerados por el estado de opinión dominante? En verdad tal acción es digna de los regímenes típicamente socialistas, donde se impone la deriva económica de los pueblos desde arriba sin ningún escrúpulo y con el mayor de los desconocimientos. Pero es que además la elección es equivocada... El Sector Inmobiliario-Constructor ha generado más riqueza, más puestos de trabajo, más superávit en las cuentas públicas y más formación de trabajadores que la mayoría de los sectores que hoy son considerados más productivos y deseables. Pero por higiene moral no vamos a mencionar la burbuja de las punto.com, la fiebre de las redes sociales, la venta de derivados fraudulentos en los mercados bursátiles de todo el planeta o verbigracia, la fraudulenta y dilapidadora apuesta estatal por los molinillos de viento que coronan nuestros montes en uno de los mayores atentados medioambientales que hemos sufrido, si bien ignorado por todas las asociaciones ecologistas del país pero no por los bolsillos de la Sociedad Civil española, que ha visto cómo aumentaba la factura de la luz por culpa de otro absurdo brindis al cambio climático subvencionado con dinero público.

Y sigue lloviendo en abril de 2012. Con casi seis millones de parados y medio tejido empresarial quebrado, -otra vez en recesión-, y vuelta de nuevo con el ladrillo. Enterados quedan los miles de Arquitectos, Ingenieros de Edificación, Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Ingenieros Industriales, instaladores especializados, electricistas, fontaneros, albañiles, peones, transportistas, maquinistas, estructuristas, carpinteros, pintores, comercializadores, informáticos, delineantes, aseguradores, soldadores, interioristas, y el sin fin de gremios que trabajan en el Sector Inmobiliario-Constructor de que no tienen el más mínimo conocimiento ni futuro ni consideración del Gobierno de España ni de las Asociaciones Profesionales a las que pertenecen, que guardan un escandaloso silencio frente al escarnio público de uno de los sectores económicos más básicos de cualquier país civilizado. Tanto en EEUU como en China, India, Alemania, Brasil, Rusia o Francia, el Sector Inmobiliario-Constructor está detrás de gran parte del crecimiento anual de sus economías. La diferencia es que en estos países no ha logrado triunfar un estado de opinión que criminalice al sector, como sí lo ha hecho en España, para perjuicio de su economía y su bienestar social.

Pero mientras se continúa con esta deleznable campaña pública en contra del Sector Inmobiliario-Constructor, para regocijo de todos los que se ciscan en el mismo, se beneficia con préstamos públicos a los actuales reyes del ladrillo, los Bancos, que gracias al oxígeno crediticio facilitado por nuestro Estado y con nuestro dinero y a costa de nuestro interés, obtienen pingües beneficios mediante la comercialización de los miles de inmuebles que acumulan en cartera en base a una injustísima legislación hipotecaria y al descalabro de las miles de empresas del sector que han perdido todos los frutos de su trabajo debido a la restricción crediticia aplicada por sus propios acreedores. Y mientras tanto, todo el crédito disponible, -que no es poco gracias a las excepcionales y gigantescas inyecciones de liquidez que se vienen realizando hasta la fecha desde el BCE-, se destina a financiar nuestro insufrible y sobredimensionado aparato estatal al mismo tiempo que éste devuelve los favores a sus actuales financiadores a golpe de Decreto, -escopeta nacional para dichos menesteres-. ¿O es que se pretende enterrar el ladrillo con cambios en los tipos impositivos que gravan la compraventa o rescatando las deducciones fiscales del pasado? ¿O recortando el gasto público en educación y ciencia? ¿O es que acaso la mayoría de nuestras carreras de ciencias no están relacionadas en algún modo con el Sector Inmobiliario-Constructor, entre otros íntimamente relacionados, como el energético, básicos para la estabilidad económica de las familias españolas? Esto que se lo expliquen a quienes no han pisado en su vida más que moquetas de terciopelo pagadas con dinero ajeno y desconocen por completo la enorme complejidad que supone la iniciativa privada de la promoción inmobiliaria, la construcción o la obra civil, las cuales han reportado mucha riqueza, prestigio y conocimientos desde hace ya muchos años a nuestro país. Y con razón nuestros técnicos titulados son enormemente valorados en el extranjero, pero no en aquí, en España...


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