Escritor y Formador inmobiliario. Arquitecto Técnico. Agente de la Propiedad Inmobiliaria. Correo...
Inmodiario

Un peligro ominoso acecha a la nueva formación profesional  inmobiliaria en España. Y ese es, su posible confusión con un tipo de enseñanza que no esté basada en la adquisición, por parte del alumno, de habilidades o destrezas (competencias según el lenguaje de la Cualificación) que mejoren su eficiencia en el desempeño de su trabajo.

Y es que no debemos olvidar que la Cualificación aprobada recientemente para nuestro sector inmobiliario, se ha establecido para aumentar la empleabilidad (la capacidad operativa en la ejecución de las tareas laborales que deban desarrollar) de las personas que acudan a ella. No se olvide que, muchas veces, nos referimos a ella como Formación para el Empleo.

Con ese tipo de enseñanza se trata de instruir al alumno en las mejores prácticas que pueda necesitar en su trabajo diario y de que su certificación (acreditación), exige sine qua non la verificación (la evidencia) de que el alumno las ha adquirido.

Y aquí es donde acecha lo aborrecible…  ¿En la impartición de los Certificados de Profesionalidad, por las diferentes organizaciones homologadas para ello, se tendrá en cuenta lo arriba indicado?

Hace unas horas he tenido una larga y refrescante  conversación con un socio director de una importante Escuela de Negocios de Madrid. Y hemos coincidido en que la impartición de la enseñanza recogida en los Certificados de Profesionalidad en España puede ser banalizada si las organizaciones dedicadas a su enseñanza no adoptan el enfoque adecuado: el de la adquisición de habilidades, destrezas, competencias, actitudes, pericias, prácticas, modos, procedimientos… de los alumnos que la cursen.

Una enseñanza tal está basada en la presentación al estudiante de procesos detallados, estrictos, mensurados, verificados, verificables…, pertinentes al oficio que se trata de adquirir (con significación para el empleo según el lenguaje de la Cualificación). Y en la verificación o evidencia de la adquisición por el mismo de aquellas habilidades. Y debe ser así… o no hay enseñanza profesional. Será otra cosa, pero no formación profesional.

El peligro señalado  se basa en la sospecha de que esta nueva FP (ya con muchos años a las espaldas en algunas Familias Profesionales y casi non nata en nuestro sector inmobiliario) sea un trasunto de los cursillos de enseñanza al uso en nuestro país, al menos en nuestro sector,  en los que la simple asistencia a los mismos  era suficiente para “aprobar”. Por el contrario, en la nueva FP inmobiliaria no se dan diplomas de asistencia ni se “aprueba” en nada, sino que se certifica  (acredita oficialmente), o no, la adquisición de las habilidades, destrezas o capacidades indicadas en la Cualificación. O no, significa que la simple asistencia es condición necesaria pero no suficiente: además hay que demostrar que se han adquirido o mejorado, hasta el nivel deseado, las habilidades necesarias para el trabajo inmobiliario.

En la conversación señalada, ha surgido una reflexión adicional como es lo mucho que se parece esta moderna Enseñanza por Competencias (otro de sus nombres) con la trasmisión de conocimientos que se producía en el campo español  hace muchos años. El abuelo o padre agricultor trasmitía su oficio, mostrando a sus hijos multitud de habilidades, desde la mejor forma de atar los sacos de patatas al mejor modo de limpiar las acequias, extender la parva antes de la trilla, cómo hacer los injertos o cómo entrelazar los mimbres para hacer los cuévanos. Todo se hacía antes como debe de hacerse ahora: trasmitiendo  las mejores maneras de trabajar, los modos más eficientes de hacer las cosas, las formas más eficaces de ejecutar las tareas. En el pasado, eso nos hizo humanos, permitió nuestra supervivencia en momentos muy duros de la Evolución…  y nos ha traído hasta aquí, un millón de años después.

Y aquí, diremos que la clave está en la Certificación. Ninguno de los centros homologados debe de ser un coladero en la que la acreditación sea uno de sus productos a la venta. El rigor en este punto es necesario. Esta formación debe de ser diferente tanto por el saber que se trasmite como por la forma en la que lo hace, pero sobre todo por su rigurosa forma de verificación  de la adquisición, o no, de las destrezas  exigidas para un trabajo excelente

Le hablaré pronto de la primera iniciativa de enseñanza de este tipo en el sector inmobiliario que la patronal AEGI ha impulsado en estas fechas, pero ahora debo de terminar. Así que me despido a la romana: siga con salud… retorne a un mejor pasado, y anímese a entrar en este fascinante y nuevo mundo de la formación profesional inmobiliaria.
 

Escritor y Formador inmobiliario. Arquitecto Técnico. Agente de la Propiedad Inmobiliaria. Correo...