InmodiarioDesde el pasado domingo estoy muy nervioso. Tengo una idea que puede resultar revolucionaria para la economía española. Con este proyecto se pueden crear puestos de trabajo, rentabilizar activos inmobiliarios e impulsar el turismo patrio al liderazgo mundial indiscutible y además creando valor, superando la manida fórmula del sol y playa.

Todo ocurrió cuando viajaba en coche desde Madrid a Castellón. Como quiera que el sueño comenzara a importunarme, acordé con mi esposa hacer una parada técnica y tomar un café en uno de los pueblos que anticipaban la llegada a la ciudad del Turia. Al desviarme de la autovía, tomé una carretera noble en su apariencia pero frustrada en su destino. Y es que justo antes de entrar en el casco viejo una rotonda nos dio la bienvenida ofreciéndonos dos posibilidades. O bien adentrarnos directamente en el núcleo urbano a través de un camino destartalado y triste o bien dar un pequeño rodeo y atacar el pueblito desde el flanco izquierdo, desde el ensanche. Esta otra carretera se mostraba digna, casi altiva, enseñoreándose de su asfalto nuevo y de su anchura y juventud, mayores que las que ofrecía el humilde camino tradicional. Elegimos la segunda opción. A mitad de camino nos dimos cuenta de que en paralelo a la vía que estábamos recorriendo transcurría al menos una docena de calles de igual factura, modernas, extendidas en forma de cuadrícula formando una especie de pista de aterrizaje en medio del campo. Calles, aceras y farolas permanecían inmutables, cercando porciones de terreno surcado de malas hierbas. Algunos de los solares se mostraban cubiertos de un denso bosque de pilares. En un día menos claro hubiera asegurado que lo que veía era el skyline de alguna nueva ciudad del sudeste asiático. También había construcciones abandonadas, estructuras de hormigón de varias plantas de altura que recordaban el decorado de una película de ficción posnuclear. Incluso en algún caso las aceras rodeaban lo que parecían grandes piscinas olímpicas a medio construir pero que no eran sino vaciados realizados en solares y cuyas cimentaciones no habían pasado de los primeros metros, dejando el fondo de las fosas ajedrezado de hormigón, acero y tierra.

Y entonces me llegó la inspiración. Lo que hay que hacer es convertir ese escenario en un parque temático. Existen museos de la memoria dedicados a recordar los desastres de La Segunda Guerra Mundial con el fin de evitar que hechos tan dramáticos se repitan. Pues bien, España puede convertirse en una potencia turística internacional desarrollando parques temáticos dedicados a los horrores que pueden causar la ambición desmedida y la especulación descontrolada. La gran ventaja es que se podrían abrir cientos de parques de forma rápida, ya que todas las capitales de provincia españolas cuentan con desarrollos abandonados como el que he descrito más arriba. Abundan tanto en sus periferias como en los llamados ensanches de los pueblos circundantes. De hecho, la famosa ardilla de Estrabón (parece que nunca lo escribió así) que viajaba de Gibraltar a los pirineos de árbol en árbol sin tocar el suelo, hoy podría hacer idéntico viaje de pilar abandonado en pilar abandonado.

Estoy dispuesto a terminar de redactar el business plan en dos días para ver si el Gobierno consigue abrir algún parque de forma urgente y aprovechar ya el tirón de la segunda quincena de agosto. Los mejores parques podrán contar con maquinaria abandonada y acopio de materiales. Se crearán miles de empleos en los servicios auxiliares que requerirán los parques. Vigilancia, mantenimiento. Limpieza no, porque será necesario asegurar el mayor realismo posible, así que cuanto más polvo haya por todas partes mejor. Se abrirán muchos restaurantes, porque los visitantes pasarán largas jornadas en los parques. En los solares con el vaciado a medio terminar, se instalarán piscinas y atracciones acuáticas.

Las empresas inmobiliarias y entidades financieras propietarias del suelo ingresarán unas rentas muy apetecibles, por la explotación de los terrenos y así pondrán en valor estos activos que actualmente les cuestan un riñón. Y nuestros operadores de parques cobrarán prestigio mundial hasta el punto de exportar su know how a Gran Bretaña y a California, otras zonas donde hay multitud de parques potenciales. Cuando acabe la crisis, las compañías que alcancen el liderazgo en este pujante sector, saldrán a bolsa, captando financiación que utilizarán para su expansión internacional. Como habrán aprendido la lección que a todos nos ofrece esta crisis, sabrán invertir en investigación y desarrollo parte de sus beneficios, con lo que alcanzarán una posición competitiva envidiable como exportadoras de tecnología punta destinada a estos parques. El sector asumirá un peso importante en el PIB remplazando a la promoción residencial y permitiendo diversificar la estructura económica nacional. La industria cinematográfica podrá especializarse en ficción futurista. El alquiler de los decorados para los cineastas españoles correrá a cuenta de las subvenciones del Ministerio. Pero si en Hollywood les da por rodar una nueva secuela de Mad Max tendrán que venir con la financiación resuelta desde casa. El turismo crecerá en su aportación a la economía por la afluencia de visitantes extranjeros ávidos de vivir esta nueva experiencia. Incluso el turismo cultural y académico notará este empuje, puesto que las más prestigiosas escuelas de negocios organizarán jornadas ‘offsite’ para que sus estudiantes visiten nuestros parques y asimilen in situ, lo que no debe hacerse ni en este ni en ningún otro sector nunca más. Perder el contacto con la realidad.


Juan Carlos Urbano
jcu5236@gmail.com

*Imagen: Pista de aterrizaje del centro espacial Kennedy