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El precio de la vivienda en España ha experimentado en los últimos años una notable recuperación hasta alcanzar algo más del 80% del máximo precrisis. No obstante, existen importantes diferencias territoriales, ya que aún hay 22 provincias donde el precio todavía es inferior al 65% del máximo, mientras que en nueve se ha comportado mejor que la media. Así se refleja en el último número de Cuadernos de Información Económica, publicación editada por Funcas, que vuelve a afrontar la situación de la vivienda en España, esta vez desde una perspectiva regional y provincial.

El trabajo de Fernando Gómez explica que el peor comportamiento se da, en su mayoría, en provincias del interior como Toledo, Cuenca, Guadalajara, Lleida, Burgos y Ávila, así como en otras como Castellón y Tarragona. Por el contrario, la subida ha sido especialmente intensa en Baleares, donde los precios ya alcanzan los máximos de 2008, así como en la provincia de Málaga, con una cifra de más del 90%.

También las dos ciudades autónomas, Madrid, Lugo y Santa Cruz de Tenerife presentan elevadas recuperaciones del precio, en torno al 86%. En general, apunta el autor, las regiones con un comportamiento más dinámico de la población y del empleo son también, con alguna excepción, aquellas donde la recuperación del precio ha sido más intensa.

El artículo también destaca que la compra de vivienda requiere un esfuerzo inferior al necesario en el momento álgido antes de la crisis en todas las comunidades. El número de años necesarios para la compra de vivienda era 5,3 en 2018, que suponen 1,2 años menos que en el máximo precrisis.

Dos artículos abordan diferentes aspectos del cambio climático. En uno de ellos, Gonzalo García y David del Val afirman que España tiene varias características que la colocan entre las economías de mayor exposición al impacto del cambio climático en Europa. Las alteraciones del clima afectarán principalmente al sector energético, los recursos hídricos, la agricultura y ganadería y el turismo. El trabajo señala que en los últimos años la demanda de energía en España ha cambiado de composición, tanto en lo referente al consumo eléctrico como al global de consumo energético (petróleo, gas, carbón). Este cambio ha hecho que, durante la recuperación, la demanda energética haya crecido menos que el PIB.

La mejora se explica por una mayor eficiencia energética, resultado del esfuerzo por utilizar procesos de producción con menor consumo de energía y del cambio en la estructura sectorial del PIB. Los avances en la transición energética se intensificarán en los próximos años aunque el impacto neto dependerá de la capacidad de los sectores público y privado para acelerar la transición hacia una economía baja en carbono.

El problema del déficit centra el artículo de Santiago Lago, que se refiere al permanente aplazamiento de la meta del equilibrio fiscal sin que se hayan aprovechado los años de crecimiento para reducir el déficit estructural y apenas se haya conseguido estabilizar la ratio de deuda pública en torno al 100% del PIB.

El autor apunta que España habrá incumplido de nuevo en 2019 los objetivos de estabilidad presupuestaria. Los aumentos de gasto en salarios públicos, pensiones, subsidios de desempleo y otros no han tenido su correspondiente crecimiento de ingresos ante la imposibilidad de aprobar cambios legislativos que modifiquen la política fiscal.

A la espera de los Presupuestos Generales del Estado para 2020, las estimaciones de distintos organismos públicos y privados sitúan el déficit previsto para este año en una media del -2,2% del PIB. Incluso con la implementación de todas las medidas de ingreso avanzadas hasta ahora, se incumplirían los objetivos.

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