Editor de InmoDiario.
Inmodiario

Un libro que se lee como una novela y que cuenta una historia que comienza con zarzuela y acaba con propuestas de reformas para el siglo XXI.

Madrid. Es una calle que da para un libro diario, una calle que escriben con sus pasos los vecinos y los visitantes que la recorren cada día. Así se ha referido el alcalde de la Ciudad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, a la Gran Vía, al presentar un nuevo libro sobre ella para festejar su centenario. Con textos de Juan José Zorrilla y fotografías de Agustín Martínez García, La Gran Vía de Madrid: cien años de historia, es una obra editada por la Asociación de Empresarios Gran Vía, cuya labor ha sido calificada por el alcalde como un estímulo para la mejora de la zona.

A través de sus cinco partes, bien diferenciadas, el libro nos sitúa en la avenida y nos hace penetrar en sus portales, recorrer su historia y conocer su alma. Nos permite también verla como una calle moderna, ubicada en el siglo XXI y escuchar las voces de quienes la conocen de cerca y la sienten como propia. Todo ello, con una "excelente y acertada factura literaria, preciosista y sonora- que para el caso es la más apropiada, porque para captar el pulso de la vida, y eso es en gran parte la Gran Vía, vale más la literatura que la jerga económica o sociológica-, y en donde no falta ni siquiera algún remedo de greguería ramoniana, como cuando se retrata la gran arteria como ‘un poema eléctrico, con un arbolado de semáforos'", según ha detallado el alcalde en el acto de presentación.

Ruiz-Gallardón ha asegurado que el libro se lee como una novela ilustrada y coral, que aúna el elemento histórico con la actualidad. En sus páginas se cuenta una historia que comienza con el estreno de la zarzuela de Chueca, en 1886, continúa con el relato de los derribos de edificios para abrir la calle, en 1910, y las opiniones que suscitaron en los cronistas, negativas las de Gómez de la Serna y Gutiérrez Solana, positivas las de José del Corral o Baroja, capaz de apreciar un Madrid saneado. 

Se relata después el lento progreso de las obras, "la transformación del ambiente debida a la guerra y la posguerra, cada una con su parte de tragedia y de mito, y a veces hasta de tópico, por más que la avenida de los Obuses o las noches de Ava Gardner sean referencias indiscutibles. Pero es sobre todo la vida la que se impone en estas páginas: los zaguanes de los hoteles, los comercios, los cines y los teatros, los mil mundos que la Gran Vía acoge y alienta, que los autores del libro van recorriendo número por número, palmo por palmo, edificio por edificio -la proa del Metrópolis, Telefónica, la Casa del Libro, el Palacio de la Prensa, el Carrión...-, pero pendientes en primer lugar de los nombres que vieron pasar: Hemingway, Chicote, Balenciaga, Alfonso, Mihura, Umbral..."

Vigor gráfico

De las fotos ha resaltado el alcalde su vigor, su fuerza constructiva, lo que suponen de expresión permanente de la capacidad de Madrid como gran capital para ambicionar lo más complejo, para superar las dificultades y para, finalmente, alcanzar nuestras metas. "Creo que en un tiempo de crisis como el que vivimos, en buena parte debida a factores exógenos a Madrid, que más tienen que ver con la desorientación de otras instituciones, ése es un mensaje de esperanza: no importa cuáles sean las dificultades, porque Madrid, como escenifica la Gran Vía, las vencerá."

En el capítulo tercero, por otro lado, referido a la Gran Vía en el siglo XXI, se recogen diversas propuestas para reformar la avenida, en unos casos para dar más contenido a la plaza de España, en otros para conectar la gran arteria centenaria con la que se ha creado en torno al río.

 "Uno nunca termina de irse de la Gran Vía, siempre se regresa. Acogedora y simbólica, intratable y humana hasta la inhumanidad, como el insomnio de un niño prisionero y también el dulce sueño de un adolescente, por muchas fugas y cansancios que el mundo nos acumule en las entrañas con su musculatura invencible [...] siempre al final estará la Gran Vía".