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El Consejo de Gobierno andaluz ha tomado conocimiento de la nueva guía de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible que establece los criterios para la incorporación del cambio climático en los planeamientos urbanísticos, lo que resulta de gran utilidad, tanto para sus promotores como para los encargados de hacer la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) de estos planes, como requisito previo a su aprobación.

Esta guía parte de la necesidad detectada por el Plan Andaluz de Acción por el Clima, que identifica el urbanismo y la ordenación del territorio como una de las áreas estratégicas más afectadas por la acción del cambio climático.

De acuerdo a la actual normativa, el cambio climático debe tenerse en cuenta a la hora de plantear los planes urbanísticos. En este sentido, estos planes deben contemplar la mitigación del mismo para que permita que el nuevo planeamiento no suponga un aumento de emisiones o que, en su caso, ayude a disminuirlas.

También debe garantizar la adaptación de estas nuevas estructuras a los efectos del cambio climático. Ambas cuestiones deben estar reflejadas en la documentación inicial de los planes y ha de ser estudiado en el proceso de Evaluación ambiental estratégica.

En la publicación, que ha elaborado la Junta de Andalucía, se pone especial atención en estos aspectos. En cuanto a la adaptación, implica disponer de información oficial relevante sobre escenarios climáticos futuros, impactos, vulnerabilidad y riesgos que permitan tomar decisiones de planificación y gestión, así como diseñar medidas de adaptación como limitaciones de determinados usos en función de los riesgos, planificación de infraestructuras o soluciones naturales, urbanas y arquitectónicas más resilientes, entre otras.

Básicamente, lleva a considerar cómo urbanizar y cómo edificar teniendo en cuenta amenazas climáticas, como las olas de calor, la subida del nivel del mar o de los ríos o el riesgo de inundaciones por episodios de lluvia cada vez más distanciados en el tiempo, pero de mayor intensidad.

En cuanto a la mitigación, la guía incluye directrices para la identificación de fuentes de emisión y para la elaboración de un inventario de gases de efecto invernadero, en referencia a las medidas contempladas en los planes. Para ello, hace uso de la herramienta puesta a disposición por la Junta para la evaluación de la huella de carbono de los municipios andaluces.

Tres bloques

Esta guía está estructurada en tres bloques. En el primero se hace una introducción a las dos grandes áreas de trabajo: las estrategias generales de mitigación y adaptación al cambio climático, que introduce los conceptos de vulnerabilidad y resiliencia, y las bases del sistema legal andaluz en materia de planeamiento y cambio climático.

El segundo bloque presenta una metodología basada en una secuencia lógica para la incorporación del cambio climático en el procedimiento de la EAE de planes urbanísticos, así como el alcance que ha de tener esta evaluación de acuerdo con cada instrumento de planeamiento.

De esta forma, la secuencia se estructura en tres etapas. La primera es la descriptiva, en la que se analiza cómo puede variar el clima en el ámbito de actuación del plan. La siguiente etapa es de valoración, sobre la vulnerabilidad y el riesgo de impacto climático en las áreas afectadas por el plan, así como la huella de carbono de las correspondientes actuaciones. Y la tercera es la etapa propositiva, en la que se presentan las posibilidades de acción desde el planeamiento municipal frente al cambio climático.

Por último, la guía ofrece en su tercer bloque una serie de recursos e instrumentos que ayudan a su implementación. Para facilitar su utilización, esta guía se apoya en una herramienta de soporte en excel que ayuda en el proceso, al tiempo que permite la recogida sistemática de datos y elementos de evaluación diseñada para los planes generales de ordenación urbana, en la que, además, se refuerza la perspectiva de la adaptación.

En definitiva, se plantea como una guía metodológica y de criterios que surge con la voluntad de ayudar a los municipios que decidan utilizarla en su actividad planificadora de criterios que sean sensibles al cambio climático.