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Ciudad del Vaticano. Entre los últimos once consultores del Consejo Pontificio de la Cultura del Vaticano nombrados por el Papa Benedicto XVI figura el arquitecto español Santiago Calatrava. Nacido en 1951 en Valencia, ingresó a los ocho años en una escuela de arte para aprender dibujo y pintura, actividad que compaginó con sus estudios escolares. Después, se matriculó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia, donde también realizó un curso de post-graduado en urbanismo. En 1975 se trasladó a Zúrich para ampliar su formación. Allí estudió durante cuatro años ingeniería civil en el Instituto Federal de Tecnología y trabajó como profesor auxiliar en el Instituto Federal de Tecnología.

Comenzó a trabajar en pequeños encargos y poco a poco fue participando en concursos de nuevos proyectos. En 1983 le fue adjudicado uno de sus primeros proyectos importantes, la Estación de Ferrocarril de Stadelhofen, situada junto al centro de Zúrich.

Santiago Calatrava concibe cada proyecto como una obra viva donde todas las partes que la componen están relacionadas. Da gran importancia al efecto dinámico, al hormigón y al acero como materiales de construcción. Se inspira en la naturaleza y en los esqueletos humanos. Arquitectura e ingeniería se funden en sus obras hasta tal punto que resulta imposible dividirlas.

Para la Exposición Universal de Sevilla ´92, Calatrava levanta el Puente del Alamillo. Se trata de un mástil o torre inclinada hacia atrás de la que parten los tirantes que sujetan la plataforma.

En el mismo recinto de La Cartuja realiza el Pabellón de Kuwait, un edificio de gran limpieza espacial y estructural. Se divide en una planta inferior para exposiciones, una superior, que es la plaza pública y una simbólica cubierta móvil que se abre al Universo.

Otro puente, el peatonal del Campo de Volantín, en Bilbao, sobre la ría del Nervión. También se le conoce como El Zubizuri, que en euskera significa puente blanco, ya que está pintado de blanco, rasgo característico de Calatrava. Consiste en un arco inclinado que une dos plataformas, con rampas de acceso y escaleras en ambas orillas y que sostiene la estructura peatonal con cables de hierro.

Entre sus obras más originales, la realizada en acero blanqueado con forma de antorcha olímpica. Sus 120 metros de altura la convierten en el elemento señalizador clave del Anillo Olímpic de Barcelona.