Inmodiario

Ciudad Ros Casares, uno de los grandes activos inmobiliarios que se tragó el Banco Sabadell cuando se quedó con la Caja de Ahorros del Mediterráneo, trata de salir de la situación, de práctica paralización, en la que se encuentra. La entidad financiera presidida por José Oliu ya tiene prácticamente decidida la refundación del proyecto, con el cambio de nombre incluido.

Con 172.000 metros cuadrados situados en el polígono Vara de Quart, un área de desarrollo de 70.886 metros cuadrados y 31.617 metros cuadrados de vías y zonas verdes de Valencia, el complejo se encuentra prácticamente desierto, con 14 edificios, repartidos en tres áreas (dos de oficinas y una residencial), con 689 viviendas de 83 a 153 metros cuadrados, más de 130 espacios profesionales y casi 1.500 plazas de aparcamiento.

La Ciudad Ros Casares se inauguró en enero de 2009, cuando la economía valenciana y española daba síntomas críticos una vez estallada la burbuja inmobiliaria. Ros Casares contaba con el 80% del desarrollo a través de la mercantil Goya 69, mientras que la caja alicantina disponía de un 20% de la propiedad y el préstamo para su puesta en marcha. El porcentaje de Ros Casares era tan elevado debido a que en 2007 había tenido que asumir el 30% de Somersen tras acabar esta sociedad en concurso de acreedores.

Posteriormente, cuando en 2010 expiró el crédito con la CAM, Ros Casares consiguió una refinanciación que aplazó el pago hasta enero de 2012. Llegada esa fecha, ya la CAM estaba en manos del Estado, a través de Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).

En los últimos meses, la entidad ha analizado las posibilidades de comercialización del complejo, que pasan por centrarse en sus posibilidades como centro de oficinas, relegando al mínimo la oferta de viviendas que contemplada el completo y que prácticamente no ha tenido respuesta por parte del mercado.

El nuevo proyecto se presentará en breve, después de contar con el visto bueno de la dirección de los responsables del negocio inmobiliario de Sabadell CAM y su comercializadora Solvia, que quieren darle salida a este activo con tácticas de un perfil más agresivas que las habituales en el negocio, al igual que han hecho con activos como los apartamentos turísticos, cuya demanda, a unos precios asequibles, ha sido más que aceptable.