Inmodiario

Madrid. Todos siguen mirando hacia el banco malo para determinar hacia dónde se va a encaminar el futuro del sector inmobiliario y, con él, el del resto de la economía nacional, aunque a dos semanas de que estén todos los activos traspasados, con su consejo formado –parece que Luis de Guindos aquí sé va a salir con la suya y será Belén Romana la presidenta de la Sareb– y, si puede ser con unas flamantes oficinas en pleno paseo de la Castellana, no hay certeza de casi nada.

Por no existir, no hay ni seguridad de que el BBVA esté por la labor de entrar en este berenjenal. Descartada la opción inicial de que los tres grandes –la entidad presidida por Francisco González, junto a Santander y La Caixa– pusieran 2.500 millones, tampoco ve clara González la última ocurrencia del Gobierno, de que esa contribución se redujera a 500 millones más una suscripción de 2.000 millones en obligaciones subordinadas. Y, claro, si no entra el BBVA, tampoco lo harán los demás.

Mientras, algunos como Sacyr ya han hecho las ‘cuentas de la lechera’. “El mal llamado banco malo tomará activos y créditos de los bancos intervenidos. Nosotros tenemos relación con esas entidades y esperamos beneficiarnos en el futuro”, decía el presidente del grupo constructor, Manuel Manrique, durante la presentación de resultados al cierre del tercer trimestre.

Una toma de activos por parte de la Sareb que llevaría a reducir significativamente los 1.306 millones de euros de deuda financiera que sigue soportando Vallehermoso, la promotora inmobiliaria del Grupo, muchos de ellos teniendo como acreedores a Bankia y al resto de entidades intervenidas por el FROB.

Como adelanto de esa futura reducción de deuda, Vallehermoso confía en acabar el año en la buena línea registrada durante el tercer trimestre, de forma que se puedan terminar vendiendo unas 400 viviendas. Eso significaría que entre octubre y diciembre prácticamente se tendrían que vender las mismas viviendas que se han colocado entre enero y septiembre. Todo un reto, para el que se confía en el arreón provocado entre la demanda ante el aumento del IVA y la eliminación de la desgravación fiscal por compra de vivienda a partir del 1 de enero de 2013.