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    Madrid. Debe leerse, y a ello le animo, el estupendo artículo publicado en ABC.es titulado España enladrillada, ¿quién la desenladrillará?, donde el autor, Mario S. Guillén, da algunos datos sobre el sector inmobiliario en los que convendría meditar.

    El más espectacular es que en la actualidad: “…el mercado inmobiliario residencial representa actualmente el 4% del PIB (en términos corrientes), tras alcanzar registros del 9,5% en el período de auge, niveles que nos sitúan por debajo de la media de los principales países de la UE. (Italia con el 4,5%, Francia con el 5,5% y Alemania con el 6%).” Para darse cuenta de lo que esto puede significar globalmente le sugeriré un recuerdo: ¿Se acuerda de cuando construíamos más que Francia, Italia y Alemania juntas?

    Pero no se aleje del problema por esta última reflexión mía, ni siquiera se quede en que el 4% actual es el  58% del que era o que hoy es un 112,5% inferior que al inicio de la crisis, fíjese en que hoy, nosotros, con una industria de la construcción muy superior –en cuanto a capacidad productiva- a la de esos países, nuestra aportación a la riqueza nacional es mucho menor que la de ellos considerados uno a uno. Y este es el punto: el pertinaz bandazo español hacia los extremos cada vez que surge una crisis, ha hecho que desde una situación seguramente extrema, la del 9,5 %, nos hayamos ido, feroz y rápidamente, hacia el lado contrario, 4%.

    Es como si de un peso de 95 kg., nos hubiésemos quedado en 40 kg. con mucha rapidez. En este caso habríamos adelgazado sí pero nuestro organismo terminará pasándonos factura porque su salud habrá quedado fuertemente dañada por ese brutal descenso. Y esta es la reflexión:

    a) Del evidente hecho de que nuestra enorme capacidad de construcción residencial, antes de la crisis, estaba desenfocada (enfocada global e indiferenciadamente hacia el interior y ausente –salvo excepciones- del exterior) se dedujo que había que terminar con esta situación. ¿Se acuerda del estúpido: “hay que cambiar de modelo productivo”?)
     
    b) Pero siendo cierta la diagnosis, se falló en el remedio: Y se dijo y puso en práctica: ¡puesto que hay que adelgazar, a pan y agua! en vez de haber preparado el médico (Administración y Banca, un régimen de adelgazamiento eficaz y sin daño para la salud del sector (del enfermo).

    c) Un régimen de adelgazamiento controlado permite adelgazar con garantía y por ello se pierde grasa pero en cambio, muy poca masa muscular. Se adelgaza así, eficientemente. Por el contrario, el régimen salvaje de adelgazamiento del sector ha hecho que se haya perdido “grasa” –lo que sobraba para un funcionamiento adecuado- pero también músculo: empresas viables, que han quebrado por falta de crédito o clientes u oportunidades de seguir con su negocio. Y esta destrucción será irreversible en muchos casos.

    Este despilfarro inmobiliario, del que muy poco hemos leído en los medios, nos pasará una factura adicional. Témalo porque vendrá como un jinete negro más cabalgando sobre la crisis y aún más allá, iniciada la recuperación.

    d) Con el organismo dañado, la recuperación será mucho más lenta y peor de lo que hubiese sido si la hubiésemos emprendido más delgados, eso sí, pero gozando de salud. NO sólo es pues que las cosas no vayan bien, lo más grave es que debido a nuestro debilitamiento general, la recuperación será peor y más tardía.

    e) El daño ya está hecho en gran parte pero el bandazo hacia el otro lado podría tener menores efectos si se reconsiderará que el mercado inmobiliario tiene que ser apoyado…de nuevo,  al menos hasta que se lograse que en España el límite de aportación de nuestro sector a la riqueza nacional fuese similar a los países de nuestro entorno.

    El artículo reseñado también comenta varios temas de interés como son la referencia al G-14 como ejemplo del desplome inmobiliario, de la refinanciación seleccionada a grandes inmobiliarias y el casi olvido del resto con el consiguiente peligro del colapso de muchas otras inmobiliarias, la internacionalización como remedio y la necesidad de vivir en la crisis, pues ésta parece muy duradera. En definitiva: un muy buen artículo.

     Miguel Villarroya Martín.

    Nota aparte se merece la extraordinaria ilustración de Óscar T. Pérez  que acompaña al artículo. La imagen de una casa cuya sombra proyectada sobre el suelo es la rota punta de una flecha es muy sugerente. Y si el degradado en rojo de la sombra hubiese sido al revés (más oscura junto a la casa y más tenue en la punta rota), aún más realista hubiese sido la imagen, pues enfrente, en el futuro próximo, sigue sin verse nada, en ese borde roto todo es evanescencia y desmayo.

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