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    El alcalde de Valladolid, Óscar Puente, ha querido aprovechar una conferencia en Madrid para poner el énfasis en la necesidad de que todo lo relacionado con las denominadas Smart Cities debe reconsiderarse, para que no se quede en algo frío que se ejecuta desde un ordenador, sino que articule mayores mecanismos de interrelación con los vecinos, que se hagan desde una consideración más humana.

    En este sentido, en esa línea de aproximación, el primer edil vallisoletano deslizó la idea que las aplicaciones que surgen de las nuevas tecnologías son una herramienta de indudable utilidad para la conformación de una ciudad inteligente, pero ni son la única, ni siquiera la más importante.

    Una segunda idea crítica apuntaba por el alcalde es que las malas decisiones de ciudad no siempre pueden corregirse a través del concurso de las nuevas tecnologías. Y que tampoco las nuevas tecnologías pueden destinarse a corregir decisiones estúpidas.

    En este sentido, puso el ejemplo de un sistema de alumbrado inteligente, que detecta al peatón a su paso para incrementar su intensidad y reducirlo ante su ausencia. Una medida propia de una Smart City a la que la sociedad se ha visto abocada tras haber incrementado de forma absurda el tamaño de las ciudades, apostando por un crecimiento expansivo de su tejido urbano, sin que el mismo se haya visto justificado ni acompañado de un crecimiento poblacional ni económico proporcional.

    Una ciudad dispersa, no contenida en su diseño con arreglo a sus posibilidades reales de crecimiento, es una ciudad cuya factura urbanística se encarece notablemente obligando a sus administraciones a recurrir, para reducir esa factura entre otras soluciones, a sistemas de iluminación inteligente cuya implantación tampoco es gratuita ni barata precisamente y cuyo coste precisa también de importantes inversiones que necesitan de un lógico periodo para su amortización.

    Una tercera idea sobre la que reflexionaba el alcalde de Valladolid es que muchas de las medidas que se consideran propias del concepto de Smart Cities son, en ocasiones, totalmente inservibles a la hora de resolver los problemas creados previamente por decisiones políticas gravemente equivocadas.

    Al respecto, puso el ejemplo del comercio de proximidad, como un elemento vertebrador esencial para una ciudad sostenible. Un comercio que genera empleo de calidad, seguridad en las calles, invita al surgimiento y conservación de tránsitos peatonales, vitales para la salud y la calidad del medio ambiente urbano, pero que la liberalización de horarios e implantación de grandes centros comerciales en la periferia de las ciudades está destruyendo.

    Desde distintas instituciones y empresas se nos han presentado portales o programas informáticos destinados a poner en valor los, cada vez más, locales vacíos en nuestros cascos urbanos, consecuencia del tsunami que para el pequeño comercio ha supuesto la proliferación de centros comerciales con capacidad y autorización legal (y esto es lo grave) para abrir casi los 365 días del año. ¿De verdad creen que un portal informático puede resolver este problema?, se cuestionaba.

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