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    Fenómenos como los recientes terremotos de México, el Huracán María, el Irma o el Harvey, así como las olas de calor y sequía, miden la capacidad de respuesta que tiene una ciudad ante acontecimientos externos no previstos.

    Según augura el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), estos fenómenos climatológicos extremos están directamente relacionados con el cambio climático y serán cada vez más frecuentes. Ante esto, nuestras ciudades deben poner el foco en tratar de anticipar estos posibles acontecimientos y trabajar en su capacidad para recuperarse y minimizar sus efectos, que pueden suponer cuantiosos males: económicos, derivados de la paralización y disminución de la producción; sociales, relacionados con la aparición de enfermedades y la consecuente disminución del bienestar social; y ambientales, ya que repercuten directamente en la biodiversidad.

    Además de los climatológicos, existen otros imprevistos y factores externos que conforman la agenda diaria de las problemáticas urbanas, tales como los incendios, los terremotos o los ataques terroristas. "La elevada densidad de población, tasa de empleo y edificabilidad que vuelve tan exitosas a las ciudades es también la causa de su extrema vulnerabilidad. Hoy, más que nunca, resulta esencial poder evaluar la resiliencia de nuestras ciudades frente a todas estas problemáticas urbanas, de cara a planificar planes de actuación eficientes", señala María Montero, consultora senior de Arup en España.

    Derivada de su idiosincrasia, cada ciudad tendrá que afrontar distintos niveles de vulnerabilidad. Estos aspectos tendrán que ser diagnosticados y mapeados de cara a trabajar en el fortalecimiento de la resiliencia, esencial para un desarrollo sostenible.

    Pero, ¿cómo de resilientes son nuestras ciudades? Esta es una cuestión que preocupa a todos los agentes sociales que cohabitamos en las áreas urbanas. Y es que, en la actualidad, el reto reside en minimizar al máximo las pérdidas descritas anteriormente, mediante el diseño de protocolos que permitan una alta capacidad de respuesta, así como de planes de recuperación que reviertan en la tranquilidad y seguridad de poblaciones actuales y futuras.

    Ejemplo de ello es el City Resilience Framework Index (CRI), un índice diseñado por Arup para la Fundación Rockefeller con el objetivo de ayudar a comprender la complejidad de las ciudades y conocer los principales factores e indicadores que contribuyen a su medición, análisis y uso.

    Este conocimiento facilitará la mejora de estrategias de planeamiento urbano, así como futuras inversiones en éste ámbito. Un ejemplo de proyectos que estudian la resiliencia de las ciudades es Madrid + Natural, desarrollado por el Ayuntamiento de la capital, y en el que se presentan diversas estrategias que pueden servir de ejemplo para la creación de infraestructuras verdes en Madrid como base de la resiliencia urbana, donde los servicios ecosistémicos generan Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN).

    El concepto SbN está cambiando el enfoque tradicional de la ingeniería de construcción de infraestructuras que necesitan grandes inversiones de capital para su contracción, operación y mantenimiento. "Los modelos ecosistémicos y sus servicios ofrecen una gama flexible de soluciones a los entornos urbanos al mismo tiempo que protegen y complementan el buen funcionamiento de la infraestructura tradicional", destaca la experta.

    Así, los sistemas de drenaje sostenible (SuDS, en inglés) emplean superficies de infraestructura verde que ayudan a mitigar los efectos climatológicos extremos de lluvias torrenciales, disminuyendo la probabilidad de inundabilidad en determinadas áreas urbanas.

    "Debemos concienciarnos de la necesidad de invertir en lograr una mayor resiliencia en la reducción de los desastres y su posterior recuperación. Estas medidas podrán garantizar un futuro más seguro y próspero, tanto para nuestras ciudades, como para las personas que vivimos en ellas", señala María Montero.


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