La golosa tentación de la ‘vía Chipre’

Madrid. La quita de hasta el 40% sobre los depósitos bancarios de más de 100.000 euros de los ciudadanos chipriotas abrió todo tipo de incertidumbres sobre lo que pueda pasar en el futuro en otros países de la zona euro afectados por un excesivo y creciente apalancamiento.

Es verdad que la situación de Chipre era algo especial. Estaba su sistema financiero muy dimensionado, y la afección de la quita incidía sobre un porcentaje menor de ciudadanos dentro del conjunto de la eurozona.

Pero, el que más y el que menos se puso en alerta, y la inquietud no acaba de desaparecer con esa sensación de inestabilidad en la que toda la eurozona está envuelta, con crecimientos de producción minúsculos, un desempleo difícilmente rebajable o, si lo hace, con trabajos con tan escaso recorrido salarial y de manera temporal que, en muchos casos, sirve para poco más que tapar algunos agujeros y no, como debería ser, para poner las bases sobre el que asentar un proyecto de futuro que afiance el incremento del consumo y la compra de bienes duraderos.

Un dato, el de los nuevos ejercicios de evaluación que tiene entre manos el BCE para el próximo otoño, de cara a conocer de nuevo en qué situación se encuentran los bancos europeos, para saber realmente en qué situación financiera se encuentran, ha vuelto a traer a primer plano la ‘via Chipre’.

La novedad, en esta ocasión, que se determinará de manera inmediata qué entidades deberían ser rescatadas, aunque esta vez en esa aportación ya no estarían solos, como hasta ahora, contribuyentes, accionistas o acreedores. También, los clientes.

“Necesitamos los instrumentos para recapitalizar bancos, debemos hacerlo rápidamente, porque en muchos países la falta de crédito bancario es como un freno de mano para la recuperación", apuntaba hace un par de semanas el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.

De todas maneras, una cosa son los planes que tiene entre manos el BCE, y otra que los pueda llevar a la práctica sin mayores problemas. En Francia e Italia ya han dejado caer su negativa a que se realicen nuevas auditorías externas de sus bancos, y también el tiempo corre en contra de la propuesta de la institución presidida por Mario Draghi, en el sentido de que resultará difícil, casi imposible, que a principios de 2014 esté listo el mecanismo de resolución bancaria, encargado de liquidar las entidades en crisis.

Ganar tiempo. En esas están muchos Gobiernos europeos, sabedores de que a la presente Comisión Europea le quedan cuatro días. Que está de salida, vamos. Dentro de un año hay elecciones al Parlamento Europeo, y el nuevo Ejecutivo comunitario no empezará a tomar decisiones hasta finales de 2014.

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