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Publicado por Redacción en Operaciones el 10-08-2017
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    Era una operación cerrada desde finales del pasado mes de julio, la de la venta, por parte del Santander al fondo Blackstone, del 51% de los activos inmobiliarios tóxicos del Banco Popular. Solo faltaba la luz verde de la Comisión Europea a la operación de venta entre ambas entidades españolas, y este martes -nada más emitirse el informe favorable de las autoridades comunitarias- el banco presidido por Ana Botín daba oficialidad al acuerdo.

    De esta manera, el gigante Blackstone se queda, a cambio de abonar 5.000 millones de euros, con la gestión de una cartera de 29.600 millones de euros brutos de activos inmobiliarios del Banco Popular, y como partícipe mayoritario de la nueva sociedad que constituirá con el Banco Santander.

    Blackstone ganaba la puja por esta jugosa cartera a Lone Star y a Apollo, el fondo que no ha sido capaz de hacer valer en esta operación su condición de socio del Santander en el servicer Altamira. La negativa de Apollo, hace unos meses, de acceder a la solicitud del banco presidido por Ana Botín de recomprar la gestora dejaba las relaciones entre ambos socios un tanto deterioradas.

    Los 5.000 millones de euros a abonar por Blackstone representan tres veces menos del valor bruto de ese porcentaje mayoritario sobre los activos del Popular. Al valor neto total de esta cartera, de unos 9.500 millones de euros, se llega tras restar una provisión del 63% sobre 17.500 millones de activos inmobiliarios y del 75% sobre los 12.100 millones brutos de créditos dudosos.

    Más que la oferta económica, en la decisión del Santander ha pesado la experiencia de una gestora que, en el segmento inmobiliario, tiene bajo su supervisión un volumen de activos superior a 100.000 millones de euros y es el mayor propietario de oficinas en Estados Unidos. El fondo inmobiliario de Blackstone representa el 28% del total de su patrimonio bajo gestión, cercano a los 375.000 millones de euros.

    Blackstone irrumpió hace 4 años en España con la estrategia de aglutinar el mayor número posible de viviendas en alquiler, bajo la premisa de 'buy it, fixit it, sell it'. Comprar con grandes descuentos, ponerlos en valor y venderlos en un plazo de entre 5 y 7 años por un precio de, al menos un 15% por encima de lo que pagó. Y, mientras tanto, obtener rendimiento mediante su alquiler. Acumula 18.000 viviendas ya en renta o a punto de estarlo.

    Desde que, en julio de 2013, Blackstone comprara a la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS) 1.860 viviendas en alquiler, por 125 millones de euros, no ha parado. A través de las diversas sociedades de la marca Fidere, han sido 5.500 los pisos adquiridos. entre finales de 2013 y principios de 2014, Fidere compraba a la constructora FCC, por unos 30 millones de euros, 420 pisos en la localidad madrileña de Tres Cantos, y otros 600 a la Sareb -el banco malo presidido por Jaime Echegoyen-, repartidos en Madrid, Barcelona y Guadalajara.

    Ya en 2014 aprovechaba la crítica situación financiera de Martinsa-Fadesapara comprar, por 21,6 millones, un edificio de 238 viviendas en Torrejón de Ardoz, en Madrid, y, en agosto de ese mismo año, Blackstone se hacía con 26 sociedades inmobiliarias de Bankia, con un potencial de 3.000 viviendas futuras.

    A Fidere le costó arrancar. Saldaba el ejercicio 2013 con 1,66 millones de euros de pérdidas, al año siguiente los números rojos se elevaban a 613.000 euros, y en 2015 -ya como socimi cotizadas en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB)- volvía a perder 1,5 millones. Hubo que esperar al ejercicio 2016, tras la venta de algunas viviendas en una promoción de Torrejón de Ardoz -en la que los inquilinos ejercieron la opción a compra-, para que Fidere se apuntara sus primeras ganancias, de casi 3 millones de euros.

    A Anticipa, la gestora inmobiliaria que Blackstone -tras pagar 3.615 millones de euros- heredó de Catalunya Caixa para hacerse con un lote de 40.000 hipotecas problemáticas, le van mejor las cosas. Cerraba el ejercicio 2014 con unas ganancias de 3,64 millones y las elevaba en 2015 -último ejercicio con el depósito de cuentas aportado ante el Registro Mercantil- a casi 16,5 millones de euros.

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